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Aproveche la Curiosidad de sus Bovinos para Diseñar Corrales

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Los expertos en el manejo de bovinos han descubierto que un manejo adecuado de su instinto de curiosidad puede contribuir para mejorar su rendimiento, a través de la construcción de instalaciones que reduzcan su estrés y maximicen las condiciones para que se sienta con mayor libertad.

El doctor Aníbal J. Pordomingo, PhD en Producción Animal, sostuvo que el principio fundamental del manejo compatible con el bienestar animal se basa en minimizar el nivel de estrés, esto es, el miedo y el sufrimiento.

Además de que esto contribuye a un mejor comportamiento productivo, disminuye la incidencia de enfermedades, incrementa el consumo, elevando la calidad de madurez de la carne después de la faena y mejora las rutinas del animal.

“El manejo de bajo estrés consiste en lograr que los animales quieran hacer lo que nosotros pretendemos que hagan sin forzarlos a hacerlo. Esto significa aprovechar al máximo su curiosidad y utilizar con cautela su instinto de fuga”, añadió el experto.

La empresa canadiense Hi-Hog que provee de productos para granjas desde hace más de 40 años, proporciona algunos pasos para mejorar el flujo del ganado para bajar el estrés y hacer más eficiente su manejo.

Uno de estos pasos inicia con el postulado “Construye y ellos vendrán”. De acuerdo con la firma, “el ganado es curioso, así que después de instalar nuevos corrales o de colocar nuevos equipos, dele a sus semovientes la oportunidad de investigar por ellos mismos el equipamiento”.

En su explicación, señalan la importancia de asegurarse que las compuertas estén bien ajustadas para que no haya accidentes cuando los animales pasen a través de ellas a la hora de investigar los nuevos equipos, ni tampoco los fuerce a acercarse porque puede generar una situación de estrés.

Asimismo, Pordomingo se refirió a aprovechar el impulso del semoviente y del rebaño en general, citando a la etóloga Temple Grandin: “Debemos saber anticipar (intuir) las reacciones y movimientos del animal o el grupo y aprovecharse el flujo de los animales en movimiento”.

Según el experto argentino, para lograr esto el animal requiere de espacio, tiempo y una salida, por lo cual los ganaderos y operarios deben estar preparados para no interferir en ese impulso.

En esta medida, abogó por entrenar al personal para que esté atento al movimiento de los bovinos y reconozca cuando hace mucha presión sobre el ganado, así como también cuando esté en el lugar equivocado al momento de salida de este o tenga la reacción incorrecta.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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