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Toros más eficientes: Mismo Peso y Menos Comida

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Resumen

La implementación de un sistema de consumo residual en feedlots permitiría lograr ahorros de 30% en la alimentación de los animales. Investigación conjunta entre el CREA Cabañas, el INTA y la FAUBA.

(SLT-FAUBA) La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el INTA Anguil y el Grupo CREA Cabañas finalizaron la evaluación de 43 toros con un innovador sistema de consumo residual diseñado por primera vez en el país. Además de permitir una baja considerable en los costos de alimentación de los animales, esta herramienta podría significar un valioso aporte al mejoramiento genético y a la ganadería local.

Los resultados de la prueba fueron reveladores porque lograron seleccionar reproductores que, comiendo un tercio menos que el promedio de los animales, pueden obtener la misma ganancia de peso, manteniendo un tamaño similar.

Estos reproductores se utilizarían luego en el proceso de mejora genética, ayudados por herramientas de genómica como el chip ArBos1, también desarrollado por la FAUBA e investigadores la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Se trata de “una herramienta de selección muy potente con un importante impacto económico”, aseguró Rodolfo Cantet, profesor de Mejoramiento Genético Animal de la FAUBA e investigador superior del CONICET, y explicó que el consumo residual permite identificar a los toros capaces de tener una ganancia diaria de peso igual al promedio pero consumiendo menos alimento.

Cantet consideró que si este sistema lograra extenderse a todos los feedlots del país, la Argentina podría ahorrar unos 300 millones de dólares anuales en la alimentación de los animales (principalmente en maíz), teniendo en cuenta que hoy el 70% de los novillos que se producen se envían a estos sistemas de encierre durante la etapa final de engorde.

“Fue una prueba pionera de gran impacto, que impulsará nuevas y más grandes investigaciones”, afirmó el veterinario Franco Faldini, miembro del CREA Cabañas, y destacó el trabajo interdisciplinario y colaborativo alcanzado entre los sectores público y privado.

Un ahorro considerable

Las evaluaciones involucraron a 43 animales provenientes de 14 cabañas de las razas Angus, Murray Grey y San Ignacio. “Los resultados de la prueba permiten identificar toros genéticamente superiores en características de importancia económica, evaluar la variabilidad en los reproductores y recolectar información útil para planificar programas de mejoramiento genético”, resumió Faldini.

En relación a los resultados, Cantet informó: “En promedio, los toros estaban comiendo una ración de 10 kilos (con un porcentaje de maíz que no excedía un 50% de la dieta), con una ganancia de peso diaria de 1,5 kilos. Pero lo interesante es que si bien todos ellos ganaban entre 1,2 a 1,8 kg/día y tenían un tamaño similar (entre 400 y 450 kilos) algunos consumían un tercio menos que los otros”. Esto significa que si se seleccionase por consumo residual, el productor ganadero podría ahorrar hasta un 30% en comida por animal.

Al referirse al menor consumo que mostraron algunos toros, destacó que se trata de “un carácter muy heredable” y que por esa razón cobra importancia para el programa de mejoramiento. “Ayudados por la genómica podemos realizar una predicción del mérito genético a otros animales que están emparentados con los seleccionados por consumo residual, mediante el dispositivo genómico que desarrollamos, Arbos 1”, indicó, y agregó que con la genómica también es posible generar información sobre las hembras.

Tecnología innovadora

La tecnología de consumo residual nace del trabajo del investigador estadounidense Robert M. Koch en 1963. Posteriormente, australianos y canadienses retomaron la idea en la década de 1990. No obstante, por el elevado costo de los comederos fue muy difícil implementarla en la Argentina. Por esta razón, desde el INTA Anguil se realizó un desarrollo local, bajando significativamente el costo de los “comederos inteligentes” y adaptando la tecnología a las condiciones particulares del sistema productivo argentino. Los trabajos estuvieron a cargo del investigador Anibal Pordomingo, con la colaboración de la estudiante de doctorado Ana González y de Daniel Maizon, del INTA Anguil.

La tecnología incluye una serie de comederos con balanzas digitales, que permiten conocer de manera continua cómo varía el peso del alimento en relación al consumo del animal. Además, el sistema identifica al toro al momento de ingresar a la batea mediante un dispositivo electrónico de baja frecuencia ubicado en la oreja, el cual envía información a una aplicación móvil, también desarrollada por el INTA. Así, el productor ganadero puede conocer en tiempo real, desde un celular, qué animal está comiendo y cuánto.

El diseño local de este dispositivo permitió bajar fuertemente los costos. “En Canadá esta tecnología cuesta unos 200.000 dólares. Con el desarrollo argentino se espera que en 2019 esté disponible comercialmente en nuestro país a 15.000 dólares”, se entusiasmó el investigador de la FAUBA, y adelantó que se sigue trabajando para abaratar los costos de las antenas de baja frecuencia (para no afectar al animal), para lo cual están buscando el apoyo de científicos del CONICET.

Además, el diseño realizado por el INTA permitió mejorar algunos aspectos de la tecnología. Así lo explicó Cantet: “Hasta ahora podíamos conocer cuánto comió el conjunto de los animales en un feedlot, pero no cuánto comió cada uno. A nosotros nos interesaba tener información sobre el consumo diario e individual, y con estos comederos podemos saberlo”.

Además de expandir esta tecnología en los feedlots, los investigadores planean avanzar en la evaluación genética de los toros y para ello apuntan a instalar el sistema de consumo residual en otras estaciones experimentales del INTA y universidades de diferentes provincias.

Autor/es: Pablo Roset. Sobre La Tierra (SLT-FAUBA)

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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La producción de alimentos de origen animal deberá aumentar 70 % para 2050, incluida la leche: FAO

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