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El Poder Productivo de los Camélidos

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Más allá de su fama junto a los Reyes Magos, los camélidos son animales robustos, longevos y prósperos que llevan siglos abasteciendo a la humanidad de alimento, abrigo y transporte. La FAO los eligió como símbolo del 2018.

Los camellos, dromedarios, llamas, alpacas, guanacos y vicuñas son el principal medio de subsistencia de millones de personas en al menos 90 países. Por eso, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) ha elegido a los camélidos como los representantes del nuevo año que comienza.

Sin embargo, a pesar de su importancia para numerosas familias y de haberse convertido en un símbolo de la cultura popular, pocos conocen lo que esconden estos mamíferos artiodáctilos de largos cuellos.

Leche de Camella, mejor que la de Vaca 

En la isla de Fuerteventura, donde se encuentra la mayor concentración de camellos de Europa con más de 300 animales, un grupo de científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Universidad de Autónoma de Barcelona (UAB) y la King Saud University de Arabia Saudí está realizando un proyecto piloto sobre la leche de camella, que posee valores nutritivos superiores en muchos aspectos a los de la leche de otros animales comercializada habitualmente.

Por ahora, el estudio pretende analizar la viabilidad, la composición química y las propiedades beneficiosas de este alimento con un alto contenido en vitaminas y bajos niveles de grasa, antes de lanzarse a una producción a escala industrial. La leche se procesa para producir una gran variedad de productos, desde quesos a helados, pero tradicionalmente se ha utilizado en diferentes regiones del mundo como adyuvante natural para la gestión de una variedad de enfermedades humanas.

El objetivo de Oasis Park, donde se encuentra la granja camellar, no solo es comercializar este novedoso producto, sino también conservar un animal doméstico, bien adaptado al clima árido de las islas, y del que se ha reconocido una raza propia denominada camello canario.

En un estudio publicado en la revista Agricultural Research, un equipo de científicos indios demuestra también que una raza de dromedario (Camelus dromedarius), originaria de la India, tiene un buen potencial genético para producir leche. “No solo es rentable en términos de conversión alimenticia, sino que también tiene la ventaja adicional de un período de lactancia más largo y mecanismos de adaptación únicos para regiones cálidas áridas y semiáridas”, dicen los autores.

Comparada con otro tipo de leche, la de camella es además baja en grasa y con alto contenido de ácidos grasos insaturados y de cadena larga. Las proteínas son ricas en lactoferrina y lisozimas, pero deficientes en beta-lactoglobulina. Tiene un mayor porcentaje de sales totales, calcio libre, proteínas protectoras y vitamina C, y hierro, cobre y zinc.

Las propiedades fisicoquímicas de la leche de camella también son únicas y útiles para el procesamiento de alimentos. La vida útil de la leche cruda es de 8-9 horas, que puede extenderse hasta 18-20 horas mediante la activación del sistema de lactoperoxidasa de camella. Su estabilidad térmica es la más alta a pH 6,8 y fermenta de forma relativamente lenta en comparación con la leche de otro ganado.

Un Camello también en el Ártico 

Los camélidos habitan en África, Asia y América del Sur en la actualidad, pero cada una de las especies que existen hoy tuvieron su origen en América del Norte hace 40 millones de años. Durante su evolución, las diferentes familias de camélidos se fueron dispersando a través del estrecho de Behring hacia los lugares donde hoy son conocidos: América del Sur, Asia y África.

Allí evolucionaron para formar la tribu de los Camelini que comprende al camello bactriano moderno con dos jorobas de Asia, y al dromedario o camello con una joroba, que se encuentra en Oriente Próximo y norte de África. Los camélidos migraron igualmente hacia el sur por el istmo de Panamá y se expandieron por América del Sur donde formaron la tribu de los Lamini y desaparecieron del norte del continente.

Sin embargo, el hallazgo hace unos años de 30 fragmentos óseos de una pierna de cemélido en Nunavut en Canadá reveló la primera evidencia de que los camellos también vivieron en el Ártico hace más de tres millones de años, a más de 1.200 km al norte de su rango conocido hasta ahora.

a investigación, publicada en Nature Communications, sugería que el linaje que dio origen a los camellos modernos pudo originalmente haberse adaptado a vivir en un medio ambiente forestal ártico.

Para reconstruir la historia evolutiva de la familia de los camellos, otra investigación, publicada en Molecular Biology and Evolution, analizó los datos extraídos de huesos del camello occidental del Pleistoceno tardío (Camelops cf. hesternus), una especie que se distribuyó en el centro y el oeste de Norteamérica hasta su extinción hace 13.000 años.

“Encontramos que Camelops es hermana de los camellos africanos y asiáticos con exclusión de los sudamericanos (llamas, guanacos, alpacas y vicuñas)”, explican los científicos, contradiciendo la estrecha relación entre Camelops y los sudamericanos. Según estos resultados, hace cinco millones de años Camelops pudo divergir en diferentes linajes dando lugar por separado a los camellos existentes de Eurasia.

Esquilando Guanacos Salvajes 

En la actualidad, los camélidos salvajes de América del Sur están representados por las vicuñas y los guanacos. Se estima que más del 90% de la población total de guanacos (de 600.000 individuos) se encuentra en Argentina, principalmente en la región patagónica.

A pesar de su estado salvaje, de los guanacos también se extrae la fibra, como ocurre con otros camélidos domesticados como la llama o la alpaca. En Argentina, la esquila se realiza en animales vivos.

Según el grupo especialista de camélidos sudamericanos, en Perú y en Argentina la captura, esquila y liberación de guanacos silvestres es cada vez más frecuente desde hace cinco años.

Estas iniciativas comenzaron a finales de los 90 en la Patagonia argentina, y han crecido rápidamente. En la provincia de Río Negro, más de 11.000 guanacos han sido capturados para ser esquilados y liberados desde 2003 produciendo más de 4.500 kilos de fibra.

A pesar de las restricciones en el uso de estos animales, los expertos desconocen los efectos a largo plazo de este tipo de manejo en las poblaciones silvestres. La tendencia del guanaco a migrar impone la semicautividad y ya existen criaderos de guanacos creados para la obtención de fibra a partir de individuos salvajes.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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