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La FAO en la Ganadería y el Medio Ambiente

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El crecimiento demográfico, el aumento de la riqueza y la urbanización se están traduciendo en una mayor demanda de productos ganaderos, en particular en los países en desarrollo.

La demanda mundial se prevé que aumente en un 70 por ciento para alimentar a una población que se estima alcance 9 600 millones de personas en 2050.

Gran parte del crecimiento de la demanda se está cubriendo a través de la rápida expansión de las formas modernas de producción intensiva de ganado, pero los sistemas tradicionales seguirán existiendo en paralelo.

El crecimiento de la demanda presenta también por lo tanto oportunidades para cerca de mil millones de pobres que se calcula dependen de la ganadería para obtener alimentos e ingresos.

Mientras que el sector proporciona alimentos de alto valor y muchas otras funciones económicas y sociales, las implicaciones en su uso de los recursos son de gran alcance.

El sector ganadero es el mayor consumidor mundial de tierras agrícolas, a través del pastoreo y el uso de cultivos forrajeros.

También juega un papel importante en el cambio climático, la gestión de la tierra y el agua y la biodiversidad.

Los recursos naturales que sustentan la agricultura, como la tierra y el agua, son cada vez más escasos y están cada vez más amenazados por la degradación y el cambio climático.

La FAO facilita el desarrollo sostenible de la ganadería, que contribuye a la seguridad alimentaria y la mitigación de la pobreza, al tiempo que reduce su impacto ambiental y el uso de los recursos.

Ganadería y actividades con el entorno

La FAO proporciona evaluaciones completas y fiables de los impactos ambientales del sector y el potencial de mitigación, y de los efectos concomitantes sobre la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza.

Esta información es crucial para informar el diálogo sobre políticas, la orientación estratégica y la promoción.

La FAO facilita y participa activamente en dos asociaciones de múltiples partes interesadas, que reúnen a una amplia gama de partes interesadas (sector público, sector privado, productores, sociedad civil y organizaciones de base comunitaria, el mundo de la investigación y el académico, y los donantes ).

La agenda global para la ganadería sostenible tiene como objetivo catalizar la acción de múltiples partes interesadas para mejorar el uso de los recursos naturales del sector, garantizando su contribución a la seguridad alimentaria y los medios de vida.

La Alianza sobre evaluación ambiental y desempeño ecológico de la ganadería (LEAP) se centra en la elaboración de directrices específicas del sector ampliamente reconocidas (métricas y métodos) para medir y monitorear el impacto ambiental del sector ganadero. Se basa en gran medida en la capacidad de análisis central de la FAO y las bases de datos relacionadas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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