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Plata y Cobre para evitar la Contaminación por Hongos en Alimentos

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Materiales porosos que contienen nanopartículas de metales fueron diseñados por investigadores argentino de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Ahora, estudian la posibilidad de utilizarlos en películas plásticas para el envasado de alimentos.

Ya lo sabían los reyes que en la Antigüedad bebían en copa de plata y en tiempos en que se agregaba una moneda de plata donde se hervía la leche; este noble metal tiene propiedades antimicrobianas. Es por esto que investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) desarrollaron un material con nanopartículas de plata y cobre capaz de inhibir el crecimiento de hongos en alimentos.

“Uno de los problemas que se presentan en la industria es el desarrollo de mohos y levaduras en alimentos envasados. Esto afecta la calidad del producto y más allá de que no sea tóxico, se vuelve desagradable para el consumidor”, explicó Carolina Chiericatti, docente e investigadora de la cátedra de Microbiología en la Facultad de Ingeniería Química (FIQ).

Los materiales diseñados y probados por el equipo de investigadores demostraron efectividad antifúngica. Los ensayos se hicieron sobre cepas aisladas de productos lácteos alterados, bebidas y concentrado de jugo de naranja.

Con Metales

El primer desafío que enfrentaron los investigadores tuvo que ver con los materiales en los cuales se pueda colocar plata y el cobre. Por una parte, utilizaron zeolitas que son materiales inorgánicos porosos capaces de alojar en sus cavidades nanopartículas de metal. Allí se encapsularon iones de plata, que si bien es un metal costoso se utiliza en cantidades mínimas. “La intención es que a partir de esa matriz porosa se vayan dosificando paulatinamente iones al medio para inhibir el desarrollo de los microorganismos”, destacó Juan Manuel Zamaro, investigador de INCAPE y la Cátedra de Fisicoquímica de la FIQ.

Al soportar las partículas, según explicó Zamaro, es necesario tener en cuenta la estabilidad mecánica y fisicoquímica de las partículas y del material de soporte, así como también la habilidad para suministrar esas partículas al medio y combatir los hongos. Estas fueron algunas de las variables que se estudiaron en el laboratorio para optimizar el material.

También se hicieron ensayos con cobre pero contenido en un material diferente y novedoso para estos fines. Se trata de redes metal-orgánicas que también son porosas pero combinan su naturaleza orgánica e inorgánica.

Contra los Hongos

Para probar la acción inhibitoria de los materiales, los investigadores diseñaron ensayos utilizando hongos que contaminan alimentos en condiciones de baja tensión de oxígeno. Esto está orientado a alimentos que luego de ser envasados puedan sufrir una contaminación fúngica debido condiciones inadecuadas, ya sea durante su procesamiento o en el mismo envasado.

“La contaminación fúngica es un gran problema para las industrias de los alimentos, que está latente a lo largo de la cadena de procesamiento de los alimentos y si las condiciones de sanitización no son las adecuadas, se pueden obtener productos contaminados. Esto lleva a pérdidas de las características organolépticas, la reducción del valor nutritivo, la putrefacción e incluso pueden presentar un riesgo potencial o real para la salud del consumidor como consecuencia de la producción de micotoxinas, y por otro lado lleva a grandes pérdidas económicas para la empresa”, detalló Chiericatti.

Se evaluó la capacidad antifúngica incorporando las cepas en un medio de cultivo en tubos simulando baja tensión de oxígeno, en los dos tipos de materiales microporosos; uno con plata y el otro con cobre. “Lo que se pretende es obtener con la plata encapsulada al menos la misma actividad que con el metal en solución. La sorpresa fue que no sólo se tuvo una actividad igual, sino que en algunos casos fue mejor”, contó Zamaro.

Se demostró que ambos materiales microporosos fueron efectivos como antifúngicos, siendo las  levaduras más sensibles que los mohos a la zeolita con plata. La especie más sensible fue Saccharomyces cerevisiae mientras que el moho más resistente fue Geotrichum candidum. “Esto se puede deber a la diferencia de la pared celular de las levaduras (unicelulares) y los hongos filamentosos (pluricelular)”, explicó Chiericatti.

En tanto, el material de cobre ejerció una fuerte actividad inhibitoria frente al crecimiento de Saccharomyces cerevisiae y Geotrichum candidum. “Lo que pasó en este último caso, fue que hubo una disolución progresiva de la estructura del material en el medio de cultivo que permitió una dosificación paulatina de cobre”, explicó Zamaro.

Estos resultados encontrados empleando ambos tipo de materiales, fueron publicados en revistas internacionales de alto impacto en el área.

Para Envasar Alimentos

“El material diseñado en el laboratorio fue sintetizado en forma de cristales, pero actualmente hemos comenzando a investigar su conformación en forma de película o film que pueda emplearse en envases de alimentos”, adelantó Zamaro.

Con esa idea, los investigadores ensayaron la eficiencia de los materiales en condiciones de baja tensión de oxígeno, lo que se asemeja al modo en el que se conservan los alimentos envasados. “La proyección después de desarrollar una forma de película es probarlo en un alimento real, no sólo en un medio de cultivo sintético”, destacó Zamaro.

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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La producción de alimentos de origen animal deberá aumentar 70 % para 2050, incluida la leche: FAO

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