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Avena Negra: Forraje para Producir Buenas Ganancias de Peso en los Bovinos

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En Argentina comienza la época de siembra de esta forrajera, que se destaca por su rusticidad, productividad, siembra temprana y adaptabilidad a diversos tipos de suelos. La presente nota ofrece recomendaciones para su manejo.

Comienza el otoño y con él el momento de sembrar avena negra. Se trata de una alternativa viable para sistemas de pastoreo que, de acuerdo con el INTA Corrientes, se destaca por su rusticidad, buena producción de forraje y siembra temprana. Además, se adapta a una amplia gama de suelos.

Para Mercedes Pereira –especialista en ganadería del INTA Corrientes– “la siembra de verdeos tales como la Avena negra (Avena srtigosa) en otoño son una alternativa cada vez más difundida por sus ventajas a la hora de alimentar al ganado en invierno”.

Se trata de una forrajera que se destaca por su rusticidad, buena producción de forraje, precocidad, capacidad de macollar y posibilidad de siembra temprana. Además, se desarrolla en una amplia gama de suelos, aunque prefiere aquellos con buen drenaje.

En cuanto a su manejo, la especialista recomendó para la zona de Corrientes sembrarla en otoño –principalmente desde el 1 de abril al 15 de mayo–, evitar los calores de finales de verano y disponer de humedad en el suelo.

Asimismo, explicó que la densidad de siembra debe ser de entre 60 a 80 kilogramos por hectárea, es decir entre 150 y 200 plantas por metro cuadrado. “Es importante realizar análisis de la semilla para conocer su valor cultural y, en función de esto, ajustar la densidad”, aseguró.

Foto. Para Pereira “la siembra de verdeos tales como la Avena negra (Avena srtigosa) en otoño son una alternativa cada vez más difundida por sus ventajas a la hora de alimentar al ganado en invierno”.

Fertilizada, Rinde Más

Alimentados con esta forrajera, los animales pueden aumentar aumentan entre 60 y 100 kilos por cabeza en un período de 100 días. “Las mejores ganancias se logran con la máxima aplicación de fertilizantes, debido a que se triplican las raciones obtenidas”, explicó Pereira.

En esta línea, subrayó la importancia de una buena fertilización desde la siembra y durante el crecimiento de las plantas para obtener buenos rendimientos de materia seca: “Se debe agregar, como mínimo, 100 kg por hectárea de superfosfato o fosfato diamónico al momento de la siembra y luego agregar Nitrógeno”.

“La mejor respuesta se logra fraccionando la aplicación”, indicó Pereira para lo que recomendó una aplicación temprana para activar el macollaje con dosis de 50 kg/ha de urea a los 30-45 días de sembrado y otra, luego del primer pastoreo, para incrementar el rebrote con 50 kg/ha de urea.

“Para iniciar el pastoreo –indicó la técnica de Corrientes– se debe tener en cuenta dos condiciones: el anclaje y la cobertura inicial”. Lo que representa una espera de 60 días desde su siembra para que alcance los 20 centímetros de altura con una cobertura del 75 % del suelo y controlar que la planta tenga un buen arraigo a la tierra.

En referencia a los sistemas de pastoreo, la técnica recomendó aquellos realizados durante dos o tres horas, a partir del mediodía. Luego, se restringe el acceso y consumo para evitar el deterioro por pisoteos, bosteo, dormideros. “Así, permitimos que el animal recoja la proteína necesaria y, luego, complementaremos con un pastizal reservado, un silo de planta entera de sorgo o henos de pasturas”, detalló Pereira.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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