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La Industria de los Embriones Bovinos de Alta Genética en Panamá

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La producción de ganado bovino de alta genética está tomando auge en Panamá e incluso se están exportando embriones con alto potencial genético que se producen en el país. 

Hoy en día, Panamá está produciendo embriones in vitro

El especialista y expresidente del Congreso Mundial de Brahman, Pedro Castillo, asegura que esta tecnología llegó a Panamá en 1989 y actualmente existen 3 empresas que la utilizan. La tecnología consiste en la unión, en un laboratorio, del ovocito de una vaca con gran potencial genético y el semen de un toro en igual condición, para luego depositar el embrión en el útero de otra vaca que ha sido selecciona con anterioridad.

Según Castillo, esta tecnología es costosa, pero genera grandes beneficios, principalmente para la industria de la leche.Por ejemplo, de acuerdo al especialista, con esta alta tecnología se puede tener una vaca que produzca 40 litros de leche por día (aproximadamente unas 80 libras).

Además, es posible multiplicar esta cantidad, al obtener con la tecnología in vitro 100 terneras en un año, con el mismo potencial genético de su progenitora, teniendo como resultado un hato superior y una gran producción de leche. Según el viceministro de Comercio Exterior, José Pacheco, es importante destacar que los esfuerzos que hacen las empresas que en Panamá se dedican al mejoramiento de la genética bovina le están dando renombre al país.

Producción en el País

Estas compañías están logrando introducir al país e incluso exportar razas de alta productividad lechera y con resistencia al calor y a enfermedades, como el ganado Girolando», acotó Pacheco. Es decir que, a través de la producción in vitro, se logran razas adaptadas a los climas. Las empresas cuentan con laboratorios adecuados para ejecutar con efectividad esta tecnología.

Una de estas compañías es Born Animal Biotechnology, ubicada en Ciudad del Saber. Inició sus operaciones en 2010 y hasta el momento ha producido en su laboratorio 13 mil 500 embriones in vitro. Born Animal Biotechnology se estableció en Panamá inicialmente con personal brasileño, aprovechando las ventajas logísticas del país y las condiciones sanitarias.

Actualmente, la empresa cuenta con personal panameño egresado de la Universidad de Panamá y ha exportado más de 100 embriones de alta genética. Además, la compañía envía este producto a cinco fincas en Honduras, a través de un distribuidor en ese país. Mientras, a República Dominicana envía su personal para extraer los ovocitos de las vacas y el semen de los toros, para luego llevar a cabo la fertilización en Panamá, ya que el país no cuenta con laboratorios adecuados. Sin embargo, el mayor volumen de embriones de alta genética es producido para clientes de Panamá.

Born Animal Biotechnology atiende a unas 67 fincas distribuidas en el territorio panameño, según Luis Nasser, presidente de la empresa. Existen más de 2 mil terneros nacidos en Panamá, gracias a la tecnología empleada por esta compañía.Según la empresa, el valor de una preñez oscila entre los 400 y 500 dólares. El volumen más grande se concentra en las provincias de Panamá, Chiriquí y Coclé, según Sara Feliú, médico veterinaria de la empresa.

Tanto la producción local como las exportaciones han permitido que Panamá tenga presencia en la Sociedad Internacional de Transferencia de Embriones (IETS). A pesar de ser un país que no maneja grandes volúmenes de ganado, Panamá está por encima de naciones como Uruguay, Argentina y Colombia en la producción de embriones in vitro .

Proceso

Para obtener estos embriones se trabaja con vacas donadoras y receptoras. Para ello, la empresa visita la finca del cliente y hace una evaluación de las condiciones sanitarias del lugar y de las vacas receptoras y donadoras.

Posteriormente se hace la sincronización de la receptora, lo que consiste en la preparación de su útero para recibir el embrión.Además, se trabaja con las donadoras extrayendo los ovocitos del ovario para unirlos con el semen y colocarlos en la receptora.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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