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Empresa Pública de Lácteos en Bolivia Incrementó sus Ventas en 700% entre 2010 y 2011

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La Empresa de Lácteos del Estado Boliviano (Lácteosbol) registró un crecimiento de ventas de 739% entre las gestiones 2010 y 2011, cuando comenzó a operar con dos plantas adicionales a la que fue creada primero en Cochabamba.

Así lo confirmó la gerente general del Servicio de Desarrollo de las Empresas Públicas Productivas (Sedem), Patricia Ballivián, en una entrevista que concedió a Cambio.

“En 2010 vendimos 1.450.407 bolivianos y en 2011, ya con las dos nuevas plantas que inauguramos con el presidente Evo Morales, en Challapata y Achacachi, hemos llegado a 10.724.722 (bolivianos)”, explicó.

De esta manera, la empresa estatal de lácteos generó entre 2010 y 2011 un total de 12.175.129 bolivianos en ventas.

Su expansión se debe a la apertura de mercados, como la dotación de desayuno escolar en los municipios donde están situadas las plantas, así como la incursión en el subsidio materno infantil.

A esto se suma la venta directa que la firma realiza en el mercado abierto a través de las cadenas de supermercados Hipermaxi y Ketal.

La actividad de Lácteosbol permitió además generar 64 fuentes de empleo directas y 200 indirectas.

Donación

Las plantas de leche que posee la firma estatal son producto de una donación que efectuó el Gobierno de Venezuela, recordó Ballivián.

En ese marco, tres centros productivos se encuentran en funcionamiento. Éstos corresponden a Ivirgarzama, en el Chapare cochabambino; otro en el municipio de Challapata, Oruro; y un tercero en Achacachi, La Paz.

Otras tres plantas se establecerán en San Lorenzo, Tarija; en el municipio de Patacamaya, al sur de La Paz, y el tercero fortalecerá la capacidad de producción de Achacachi, cuyos márgenes están al límite.

Zonas productoras

Según datos de la Coordinadora de Integración de Organizaciones Económicas Campesinas de Bolivia (Cioec), el departamento de La Paz se convirtió en el segundo productor de leche del país, después de Santa Cruz y antes de Oruro.

Lácteosbol incentiva el potencial productivo de poblaciones alejadas de las principales ciudades a fin de promover su desarrollo y mejorar la calidad de vida de sus pobladores.

“Atendemos los desayunos escolares de la región (donde trabajamos) y son empresas netamente sociales (…) para incentivar además la producción de leche”, indicó Ballivián.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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