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Chile: Recomendaciones para Enfrentar el Déficit Hídrico en la Ganadería de Leche y Carne

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El Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile (INIA), como parte de las acciones llevadas a cabo por el Ministerio de Agricultura en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, da a conocer a los productores agropecuarios, una serie de recomendaciones técnicas ante el déficit hídrico que se registra en la zona sur.

A continuación se entrega un resumen de las principales medidas de manejo propuestas por los profesionales del INIA Remehue.

Recomendaciones para el Manejo de Praderas 

Evitar sobre pastoreo de praderas de buena calidad, ello implica suplementar vacas en potreros degradados o de baja calidad, que serán destinados posteriormente a siembra o regeneración.

En condiciones de déficit hídrico, no es recomendable un pastoreo en franjas, lo que puede incrementar el daño por sobretalajeo de las praderas. Este puede ser sustituido por la suplementación en patio, potreros de sacrificio o un pastoreo en potreros de mayor superficie donde se distribuye la suplementación.

Fertilizar con 45 kg/ha de nitrógeno y 70 kg/ha de fósforo durante la primera quincena de marzo en las mejores praderas.

En los potreros degradados se sugiere sembrar durante la primera quincena de marzo, la mezcla 60 a 80 kg de avena y 30 kg/ha de ballica anual. La fertilización al establecimiento debe ser alrededor de 45 kg/ha de nitrógeno a la siembra, 120 a 160 kg/ha de fósforo, y 50 kg/ha de Potasio. Respecto al nitrógeno, se debe aplicar, además, 30 kg después del primer y segundo pastoreo y 60 kg al inicio del rezago en primavera. Es recomendable incluir la aplicación de 1000 a 2000 kg/ha de cal incorporada previo a la siembra.

Después de las primeras lluvias, retomar gradualmente el esquema de rotación de potreros considerando un rezago de 30 días.

Recomendaciones para Sistemas Lecheros 

Mientras dure el período de sequía (enero – marzo), es absolutamente necesario suplementar a los animales en pastoreo, dando prioridad a los más productivos.

Suplementar separadamente las vacas de parto de primavera y las de mayor producción (sobre 16 litros), favoreciendo el consumo de ensilaje, cultivos forrajeros de verano y concentrado. Dependiendo de la disponibilidad de suplementos, este grupo debiera recibir entre 15 y 20 kg. de ensilaje y 30 a 40 kg. de nabo forrajero, más concentrado entre 2 y 5 kg. según el nivel de producción (preferentemente 18% de proteína y 3 Mcal de energía metabolizable). En caso de no contar con nabo aumentar a 30 kg de ensilaje por vaca al día.

Es posible complementar los concentrados balanceados con granos chancados, subproductos de la molinería y agroindustria (afrechillo, harinillas y otros), siempre que su precio sea conveniente.

No descuidar el aporte de agua en los potreros y de sales minerales (150 – 200 gramos/vaca /día).

A los animales con menores exigencias alimenticias, suplementar con forrajes de menor calidad, pudiendo utilizar 15 kg ensilaje, 4 kg de heno o 3 kg de paja.

Si es posible comprar fardos de heno o de paja, para reponer el forraje conservado ya consumido.

Se recomienda el secado anticipado de vacas de baja producción, que estén al término de su lactancia.

Reducción de la carga animal mediante la eliminación temprana de los animales de desecho y de aquellos no aptos para la reposición.

Recomendaciones para Sistemas de Producción de Carne 

Destetar anticipadamente suplementando con avena u otro suplemento concentrado a los terneros, al menos con 2 kg /terneros/día.

Suplementar a todo el ganado con sales minerales completas, considerando 100 gramos/animal adulto/día.

Usar pajas de avena, cebada o trigo (no usar la paja de triticale por su baja calidad) en animales adultos, al menos 2 kg/animal/día.

Las vaquillas de reemplazo suplementarlas con heno (2kg/animal/día).

Disminuir carga animal del predio, mediante la descarga temporada de novillos y animales no aptos para reposición.

Se debe proteger aguadas para evitar contaminación y dejar un área para el crecimiento de árboles y arbustos evitando ingresen los animales a este sector, así la vertiente o estero no se seca y el agua permanece limpia.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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