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PROINTA Mora: Variedad de Alfalfa de Alta Producción y Persistencia

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La producción de forraje y su persistencia en el lote a lo largo de los años son las principales herramientas que puede ofrecer una alfalfa para trabajar sobre el aspecto mas importante que tiene una explotación ganadera en cuanto a su balance económico: la reducción del costo del kilogramo de materia seca producida.

Esto se debe a que la producción de leche y carne se mueve en un sistema de captación de precios y no de formación de los mismos. Dicha reducción de costos se logra fundamentalmente aumentando la producción de materia seca a lo largo de los años, para lo cual es necesario muchas veces aumentar la inversión por hectárea sembrada.

Los puntos a observar en la elección de una variedad de alfalfa al momento de sembrarla son los siguientes:

  1. Alta producción de forraje, evaluando la actividad invernal de la misma, la retención de hojas durante el período de floración y una optima relación hoja tallo.
  2. Alta capacidad de rebrote, en la cual tiene importancia el vigor y el comportamiento en bajas temperaturas
  3. Persistencia y Resistencia la pisoteo, con coronas semi enterradas
  4. Resistencia a plagas y enfermedades, tanto de hoja, raíz y corona.

Como resumen de este conjunto de características, Produsem S.A. en conjunto con INTA, obtuvieron PROINTA MORA, variedad de Grupo de Latencia Invernal 9 (Sin Latencia). La misma se caracteriza por poseer una altísima producción de forraje, especialmente en zonas de suelos francos con producciones promedios de 15 a 18 Tm por ha por año dependiendo de condiciones climáticas y tipo de suelo, presentando como característica fundamental su altísima persistencia en el lote. La misma varía entre el 75% al 85% del stand original luego de cuatro años de evaluación

ProINTA Mora se presenta como una alternativa sumamente equilibrada, dentro del grupo 9 de Latencia Invernal, con alta perdurabilidad gracias a su resistencia a pisoteo y destacado perfil sanitario.

 

Fuente: Perulactea. Envío especial de Incrementar – Comunicación Agropecuaria

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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