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Sector lácteo de Centroamérica Lanza Guía para Enfrentar Imitaciones y Sustitutos

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Se trata de la Guía para la interpretación del Reglamento Técnico Centroamericano (RTCA) Uso de Términos Lecheros, elaborada por los países del área con el apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el Consejo Agropecuario Centroamericano (CAC) y la Federación Centroamericana del Sector Lácteo (FECALAC).

Según el Ministro de Agricultura, Ganadería y Alimentación de Guatemala (MAGA) y actual presidente pro témpore del CAC, José Ángel López, en el sector lácteo centroamericano se cuenta con 250 mil productores, aproximadamente y un hato de más de 4,5 millones de animales que producen por encima de 1,2 millones de toneladas al año lo que representa cerca de 400 millones de dólares en divisas.

Señaló que “el sector lácteo tiene una importancia invaluable en su contribución para garantizar la seguridad alimentaria y fomentar el intercambio comercial. Debido a ello se deben armonizar normativas y buenas prácticas de producción, procesamiento y comercialización, así como velar por las medidas sanitarias de inocuidad para preservar la salud de los consumidores”.

Sostuvo que es necesario que como región se trabaje en el fortalecimiento de la detección y control de enfermedades como la tuberculosis y la brucelosis bovina.

Se han tenido avances en los procesos de trazabilidad para identificar y dar seguimiento a los hatos, además se trabaja con el sector privado para la inspección de las salas de ordeño, centros de acopio y sistemas de transporte de lácteos, así como la toma de muestras para la detección de contaminantes y residuos químicos.

El sector cuenta con productores establecidos y competitivos y en crecimiento constante pero con un universo grande de pequeños productores los cuales enfrentan problemas que deben ser abordados de manera prioritaria.

Dos de los grandes desafíos para la región son mejorar la calidad e inocuidad de la leche y el incremento de la productividad.

Entre las acciones que se han impulsado para enfrentar estos retos está la normativa regional que permite armonizar la producción y comercialización de los productos lácteos. La principal norma aprobada es el reglamento técnico Centroamericano (RTCA) uso de términos lecheros, el cual establece la adecuada utilización de los mismos en relación con los alimentos comercializados en Centroamérica.

Para ello se publicó esta guía que busca agregar transparencia a una cadena compleja ofreciendo una interpretación correcta de los términos y así disponer de reglas de juego claras.

Por su parte, Álvaro Coto, presidente de FECALAC, señaló que con la guía busca unificar criterios a nivel centroamericano con lo cual se va a mejorar la competitividad, la solución de conflictos porque responde a un consenso, ahora le corresponde a cada país luchar para que se implemente.

Entre tanto, el Director General del IICA, Manuel Otero, hizo hincapié en que la guía representa un “paso fundamental para agregar transparencia a la cadena más importante que hay en nuestros sistemas agroalimentarios, pensando siempre en que los productores lecheros necesitan reglas de juego claras, pues está en juego un derecho sagrado como es la alimentación”.

El documento busca facilitar mediante ilustraciones y ejemplos concretos la comprensión y la aplicación en los países de la región de las disposiciones que establece el RTCA, así como proteger al consumidor frente al comercio de mezclas e imitaciones de productos lácteos en cuya descripción o presentación se realice un uso indebido de los términos lecheros.

La reglamentación técnica consiste en el establecimiento claro de las reglas del juego para vender productos en un mercado, válidas tanto para los productos elaborados en el país como para los importados. Dentro de los procesos de apertura comercial las barreras técnicas no arancelarias representan el factor que determina las posibilidades de acceso a los mercados de los productos que se desea comercializar.

Lo primero y fundamental que contiene la guía y el reglamento es la definición de leche y “se refiere a la leche obtenida de un animal lechero utilizada para consumo directo o empleada como materia prima en la elaboración (o proceso) de productos lácteos tales como: quesos, helados, yogur, o bien, para elaborar otros productos lácteos o mezclas de productos lácteos definidos en el RTCA”.

Así mismo, se define el producto lácteo como el “obtenido mediante cualquier elaboración de la leche que puede contener aditivos alimentarios y otros ingredientes funcionalmente necesarios para su elaboración”.

Algunos ejemplos de sustitución de los componentes de la leche o de un producto lácteo son la adición de aceite o grasa vegetal y la adición de proteínas de origen no lácteo (soya). “En ambos casos estos ingredientes están sustituyendo de manera parcial o total componentes de la leche, por lo que este producto no es un producto lácteo”, sentencia la norma centroamericana

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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