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El Sistema Digestivo de las Vacas Influye en la de Vitamina B12 que Consumen las Personas

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Un vaso de leche de vaca contiene aproximadamente el 46 % de la ingesta dietética diaria recomendada de vitamina B12 para adultos.

Para que esto sea así, lo que comen las vacas y cómo lo digieren es la clave, según investigadores de los Departamentos de Ciencia Animal y Ciencia de los Alimentos y Química Agrícola de la Universidad McGill de Quebec.

En un trabajo realizado por estos profesionales se propusieron identificar las fuentes que afectan las concentraciones de B12 en la leche y cómo optimizar y estabilizar sus niveles para mejorar los beneficios para la salud.

De acuerdo con Jennifer Ronholm, una de las investigadoras citada por el portal mundo agropeucario.com, muchas plantas que crecen en nuestro planeta no pueden ser utilizadas directamente por los humanos como alimento, pero las vacas tienen la capacidad de convertir estas plantas en proteínas y vitaminas que los humanos pueden consumir a través de la leche.

La vitamina B12 proviene de productos animales, producidos por microorganismos en el tracto digestivo de vacas, ovejas y cabras. La leche de vaca es una excelente fuente natural de B12, debido a la abundancia de bacterias en su tracto digestivo capaces de producir la vitamina.

Específicamente, las vacas tienen un sistema digestivo que es singularmente diferente al humano. En lugar de un solo compartimento para el estómago, tienen cuatro, de los cuales el rumen es el más grande y el principal centro digestivo lleno de miles de millones de microorganismos que pueden descomponer el pasto y otra vegetación que los animales con un solo estómago, incluidos los humanos, no pueden digerir.

El propósito de los investigadores era encontrar la composición exacta de la leche, incluidas las grasas, las proteínas y la vitamina B12. “Queríamos saber cómo variaban estos componentes según la alimentación de la vaca y qué bacterias están presentes en el rumen de la vaca, la parte principal de su intestino, donde tiene lugar la mayor parte de la digestión. Queríamos saber exactamente cómo la nutrición bovina y cómo los microorganismos o microbiomas presentes en el rumen afectan la producción de vitamina B12, y si podemos optimizarlos para aumentar el valor nutricional de la leche”, señalaron.

Para ello se realizaron varios estudios para comprender mejor los factores que influyen en la variabilidad de la vitamina B12 en la leche y así poder ofrecer un producto con una concentración alta y constante de esta vitamina, con el objetivo de aumentar los beneficios para la salud del consumo de leche.

Lo nuevo de la investigación fue el enfoque en el impacto de las condiciones en el rumen, que está estrechamente relacionado con la alimentación de las vacas, en el impacto de la concentración de vitamina B12 en la leche. También se quería explorar si los factores ambientales, como el tipo de ropa de cama, afectan los microorganismos intestinales y la vitamina B12.

Se descubrió que ciertos microorganismos en el rumen están relacionados con la abundancia de vitamina B12. Las dietas ricas en fibra de detergente ácido, como la hierba, tendían a fomentar el aumento de las concentraciones de vitamina B12 en la leche.

La alternancia, las dietas con mayor concentración de almidón y energía, a base de piensos tendían a producir concentraciones más bajas de vitamina B12. Cuando el pH en el rumen es más bajo, tiende a haber una mayor producción de dicha vitamina. Sin embargo, no se sabe si la concentración de vitamina B12 está provocando cambios en el microbioma o si este está provocando cambios en la concentración de vitamina B12.

Lo que sigue es estudiar factores adicionales que afectan la concentración de vitamina B12 en la leche, especialmente en granjas orgánicas. Por ejemplo, ¿la leche de granjas orgánicas contiene una mayor concentración de vitamina B12? También se utilizarán técnicas genéticas nuevas y tradicionales para definir las relaciones exactas de ciertas bacterias con las concentraciones de vitamina B12.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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