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Por primera vez en la historia: Argentina exportó vacunas contra la aftosa a Indonesia

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Fue luego de que el país asiático registrará un brote de la enfermedad y afectará a 455.000 cabezas de ganado. Luego de cumplir el proceso de verificación de calidad, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) certificó la calidad e inocuidad del primer lote de vacunas contra la fiebre aftosa que nuestro país exportó a Indonesia.

El envío que fue realizado por Biogénesis Bagó, fue celebrado el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Juan José Bahillo, quien sostuvo que “la apertura del mercado indonesio, pone en evidencia la importancia de la agroindustria argentina a nivel global y el buen trabajo conjunto realizado con el Senasa y los demás organismos descentralizados».

Asimismo, la presidenta del Senasa, Diana Guillén agregó que “para la Argentina es muy importante abrir un nuevo mercado para la exportación de vacunas producidas en nuestro país. Dos laboratorios nacionales solicitaron al Senasa que efectúe estos controles, procedimiento que ya culminó con el primer lote de vacunas que se exportaron en este mes».

Luego de un brote

Según datos del gobierno de Indonesia, hasta inicios de agosto la enfermedad afectó a más de 455.000 cabezas de ganado en 23 de las 37 provincias del archipiélago, provocando la muerte de 4.720 animales y la de otros 7.561 que debieron ser sacrificados.

Para evitar la propagación de la enfermedad, ese país -que hasta mayo se encontraba libre de fiebre aftosa desde 1986, estatus reconocido por la Organización Mundial de Sanidad Animal en 1990- lanzó un programa nacional de vacunación de emergencia.

Y en este marco, Biogénesis Bagó realiza su primera exportación a Indonesia para colaborar con el control de la emergencia sanitaria, mientras que CDV hará lo propio en septiembre. Biogénesis Bagó exportó varios millones de dosis de Aftogen Oleo, una vacuna monovalente con eficacia probada en varios países en diferentes especies y en situación de emergencia.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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