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Argentina: Dan a Conocer Cuantos Litros de Leche Contiene Cada Producto Lácteo

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Con el fin de construir estadísticas que permitan orientar las políticas públicas, como así también conocer que destino tiene cada litro de leche producido, Agroindustria describió cuanta leche se necesita para elaborar cada producto lácteo.

El Código Alimentario Argentino-CAA determina las disposiciones higiénico-sanitarias, bromatológicas y de identificación comercial que debe poseer cada alimento para ser considerado legalmente como tal.  Así, los productos lácteos son caracterizados en base a ciertos parámetros dentro de los que se encuentra los litros de leche necesarios para su elaboración.

A través de Disposición 1/2018 Agroindustria dio a conocer un estudio realizado entre el 1 de mayo de 2016 y el 30 de abril de 2017 que determina los “coeficientes de conversión producto-leche equivalente” para los derivados de la industria láctea. En criollo, cuantos litros de leche se necesitan para elaborar un queso, un yogur, etc.

Para el estudio, se utilizó la composición de la “leche promedio anual ponderada”, a partir de los datos suministrados por el Sistema Integral de Gestión de la Lechería Argentina (SIGLeA) y se consultó a instituciones y empresas del sector.

Debido a que los derivados de la leche son producidos por distintos fabricantes y su composición pude diferir entre elaboradores pero ingresar dentro de la misma categoría del código alimentario, el trabajo no establece parámetros fijos, sino un rango determinado por los mínimos y máximos, como así también los valores promedios que se encontraron en el estudio.

A su vez, como la cantidad de leche cruda utilizada en la elaboración de los productos varía según sus propias características (grasa, proteina, solidos disueltos totales, entro otros), Agroindustria también dio a conocer los valores promedios que poseía la leche cruda que se utilizó para este estudio y determino que deberá actualizarse una vez al año con los datos del período abarcado entre el 1 de mayo y 30 de abril.

Los mayores requerimientos lácteos lo tiene la caseína y los caseinatos que requieren 37.4 litros por kg elaborado,  mientras que los postresitos y los flanes son los que menos leche necesitan, con un requerimiento de 0,495l de leche por kg o l de postre. Para las mantecas y otros productos obtenidos de la grasa de la leche, el estudio destaca que por tratarse de “subproductos de la elaboración de algún otro producto ya considerado” le corresponde un coeficiente 0 ya que los litros de leche necesarios para elaborar UN (1) litro o kilogramo de cada uno de estos productos ya fue computado con anterioridad en otra categoría del SIGLeA.

De acuerdo con la cartera conducida por Etchevehere, los “coeficientes de conversión producto-leche” permitirán estimar el destino de la leche cruda a cada una de las categorías y servir de instrumentos para generar políticas públicas.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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