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Argentina Recupera Posición en el Ranking Exportador Mundial de Carne Vacuna

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Durante el tercer trimestre del año, el promedio mensual de las exportaciones argentinas de carne vacuna alcanzó 50 mil 263 toneladas equivalentes a res con hueso, dando un acumulado al mes de septiembre de 379 mil 737 toneladas equivalentes a res con hueso. 

De esa forma, se estima alcanzar un volumen para el corriente año de 500 mil 520 toneladas equivalentes a res con hueso, informó la Secretaría de Gobierno de Agroindustria. Esta dinámica en las exportaciones ubica a la Argentina en el sexto lugar en el ranking de exportadores, según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés)

Luis Miguel Etchevehere, secretario de Gobierno de Agroindustria, señaló que “los números evidencian que Argentina está retomando el protagonismo en el mercado mundial de la carne, en sólo un año, subimos cuatro puestos”.

El titular agregó que “esto es producto de las políticas del Gobierno Nacional a partir de las cuales se brindó previsibilidad y proyección internacional a uno de los sectores más competitivos de la economía”.Asimismo, el Secretario remarcó que este crecimiento se traduce en más empleo y más arraigo para cada uno de los rincones de Argentina.

“Detrás de cada exportación hay una cadena compuesta por muchos argentinos que alcanzan mejores condiciones de vida”, afirmó.

Argentina exportó, durante el noveno mes del año, 48 mil toneladas equivalentes a res con hueso. A ese mes, las exportaciones de carne vacuna crecieron un 71 % y 51 % en volumen y en valor, respectivamente, con respecto al mismo periodo del año anterior.

De este modo, según informó la Secretaría de Agroindustria, Argentina se transformó en el segundo proveedor de carne dentro del Mercosur después de Brasil. “La región en su conjunto aportaría para el 2018 el 32 % del comercio mundial de carne bovina”.

Sin embargo vale la pena señalar que Argentina ocupó en 2005 el 3er lugar, descendiendo al 5to y 4ta lugar en 2008 y 2009. Luego vino un período crítico de su economía ganadero, que la hizo descender hasta las posiciones 10-11, entre 2010 y 2017.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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