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Ecuador Invierte Recursos en la Aplicación de la Inseminación Artificial en Bovinos

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Alrededor de 30 inseminaciones artificiales cada mes realizan técnicos del Proyecto Ganadería Sostenible, de la Subsecretaría de Ganadería, del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca del Ecuador (MAGAP), a través de la Dirección Provincial Agropecuaria de Loja, con el propósito de mejorar la genética de los animales para aumentar los recursos económicos de las familias.

Estas actividades se realizan en los 16 cantones de la provincia de Loja, con lo que el productor tiene un ahorro de 120 dólares, gracias a la asistencia técnica que otorga el MAGAP, de manera gratuita.

Todos los insumos necesarios para desarrollar el protocolo de inseminación artificial a tiempo fijo se transportan a través de las unidades móviles veterinarias. Las hembras receptoras son preparadas con la aplicación de hormonas diarias y un implante de progesterona.

El protocolo de inseminación a tiempo fijo reduce el intervalo de parto-concepción de los animales con un porcentaje del 60% de efectividad.

Además, la Unidad Móvil Veterinaria cuenta con ecógrafo de última generación, con reproducción de imágenes en tercera dimensión, servicio complementario que hace posible el diagnóstico de preñez y posibles patologías en el tracto reproductivo.

En la provincia se cuenta con cuatro núcleos de inseminación, ubicados en los cantones: Calvas, Loja y dos en Gonzanamá; que sirven gratuitamente a ganaderos de todos los cantones.

Entre las ventajas de esta biotecnología constan: la prevención de enfermedades reproductivas, pues se maneja un control estricto en la selección del semen; el ahorro económico de mantenimiento de un toro en el hato; el mejoramiento del carácter lechero del animal, según la raza utilizada, entre otras.

Durante lo que va de este año, se han inseminado a 364 bovinos, que representa un beneficio a los ganaderos de la provincia. Para acceder a este trabajo que emprende el MAGAP, los interesados pueden contactarse con los técnicos de cada sector.

La experiencia de Ecuador, resulta interesante, debido a que por un lado el sector público muestra un verdadero compromiso con el desarrollo rural y por otro lado se invierte recursos en inseminación artificial, una práctica que ha demostrado ser la manera más económica de llevar progreso genético a las ganaderías y con ello hacer posible negocios ganaderos rentables. Este esfuerzo para ser completamente redondo tendría que acompañarse de una buen aprovisionamiento de forrajes, sobre todo para épocas de escasez.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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