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Nacen Llamas Producto de Transferencia con Embriones Criopreservados en Argentina

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Mediante la transferencia de embriones refrigerados, tecnología aún no empleada para la reproducción de las llamas, médicos veterinarios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA) lograron el nacimiento de tres crías.

Hasta hoy, la transferencia con embriones criopreservados en llamas era algo imposible. Es que los embriones de esta especie no resisten el proceso de criopreservación, por lo que la reproducción sólo era posible con embriones frescos, es decir, recién obtenidos. Ahora, gracias al trabajo de los técnicos argentinos del INTA Abra Pampa –Jujuy– y Balcarce –Buenos Aires–, cambió.

Juan Aller –especialista del INTA Balcarce y uno de los técnicos involucrados en el desarrollo junto a Marcos Ábalos y Francisco Acuña del INTA Abra Pampa– destacó el logro por tratarse de la “primera vez en que, mediante un ensayo que consistió en refrigerar los embriones durante 24 horas en heladera a una temperatura de 5°C, se obtuvieron tres crías con éxito”.

“Hasta este momento –señaló Aller–utilizando esta técnica sólo se habían transferido embriones en fresco, es decir que una vez obtenidos eran inmediatamente transferidos a las hembras receptoras y no congelados”. Es que, a diferencia de otras especies, los embriones de llamas no resisten el proceso de criopreservación.

De acuerdo con el especialista de Balcarce, “la inseminación artificial, la superovulación y la transferencia de embriones son técnicas de reproducción asistida usadas en otras especies domésticas para el mejoramiento genético porque permiten aumentar el potencial reproductivo de ejemplares de alto valor genético”.

Para el caso de las llamas, la técnica más usada es la superovulación y la transferencia embrionaria en fresco. Así, mediante los protocolos hormonales, se obtienen en promedio, de dos a tres embriones por cada llama superovulada. Estos embriones se transfieren a otras tres hembras en condiciones de llevar adelante la gestación.

“Esto demandaba tratamientos inmediatos o en espacios geográficos limitados a los que se podía arribar en menos de 6 horas manteniendo los embriones a temperatura ambiente”, indicó Aller.

Lo Que se Viene

“No son muchos los estudios en el mundo sobre criopreservación de embriones de llama”, detalló el especialista para quien “hay un camino muy largo por recorrer”. Entre los próximos desafíos se encuentra congelar gametas del macho o embriones para ponerlas en un termo con nitrógeno líquido con buena viabilidad pos-descongelación, para su transporte y transferencia en el momento y lugar en que un productor desee.

“Así, –subrayó– se avanzaría mucho más rápido en el mejoramiento genético de las llamas en toda la región a bajo costo, tal como ocurrió en nuestro país con los bovinos y ovinos”.

En este sentido, Freddy Sossa Valdés –director del INTA Abra Pampa– se refirió a los avances tecnológicos y afirmó que “la Estación Experimental busca, a mediano plazo, posicionarse como un núcleo productor de llamas de alta genética, a partir de los cuales poder aplicar estas técnicas para multiplicar en la región andina animales de doble propósito, elegidos tanto por su calidad de fibra como por su capacidad de producción de carne”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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