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Chile Firmó Acuerdo para Exportar Carnes Rojas a China

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El Director Nacional del Servicio Agrícola y Ganadero de Chile, Ángel Sartori, acompañado del Jefe de la División de Protección Pecuaria del SAG, Juan Enrique Moya, logró ayer cerrar un histórico acuerdo con las autoridades de la AQSIQ (General Administration of Quality Supervision, Inspection and Quarantine) que abre definitivamente el mercado para las carnes rojas congeladas chilenas, al cumplirse la última etapa administrativa para materializar las exportaciones de carne bovina y ovina congelada de este país a China.

Este logro es el resultado de un trabajo de años, donde se debieron sortear varias etapas desde que se firmaran los protocolos en 2012, pasando por la habilitación de los establecimientos para lo cual el SAG y los exportadores trabajaron arduamente a fin de dar cumplimiento a los requisitos sanitarios de AQSIQ; y llegando finalmente a acordar el Certificado Zoosanitario de Exportación (CZE) para estos productos.

El Director Nacional del SAG, Ángel Sartori, se mostró muy satisfecho con el logro alcanzado “ya que da cuenta de la seriedad con que trabaja el Servicio Agrícola y Ganadero, porque esta apertura del mercado chino a las carnes rojas es un reconocimiento al buen desempeño de nuestro servicio y la confianza que despierta en escenarios internacionales. Esta es la forma en que el SAG apoya a los exportadores desde su rol como garante del patrimonio sanitario nacional, ofreciéndoles nuevas y grandes oportunidades de crecimiento”.

Antecedentes de la Apertura

Fue en junio de 2012 cuando se firmaron los protocolos para la exportación de carne bovina y ovina congelada entre la AQSIQ y el Ministerio de Agricultura de nuestro país, dando inicio a este proceso.

Luego se debieron cumplir una serie de gestiones que incluyeron visitas de las autoridades sanitarias chinas a las plantas exportadoras en Chile, para verificar y evaluar en terreno los procesos de producción y envío utilizados.

En junio de 2013 Chile recibió el informe oficial de la visita por parte de China, y el SAG junto a los establecimientos exportadores se empeñaron en cumplir cada uno de los requisitos sanitarios solicitados por China. Paralelamente, el Servicio y AQSIQ avanzaron en las definiciones del Certificado Zoosanitario de Exportación, y tras varios meses de negociaciones se alcanzó un completo acuerdo entre ambas partes, el 10 de diciembre de 2014, hecho que fue oficializado ayer con la visita de Ángel Sartori a Bi Kexin, subdirector general del Buró de Seguridad de Alimentos de AQSIQ.

El Gigante Asiático

Las exportaciones silvoagropecuarias totales de Chile a China en 2014 alcanzaron los US$ 2.415 millones, presentando un crecimiento de un 15,8% en relación al año 2013. Desde la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y China, los envíos silvoagropecuarios chilenos enviados a la nación asiática aumentaron en un 466%, pasando de US$ 427 millones en 2006, a US$ 2.415 millones en 2014.

En lo referido específicamente a las importaciones de carne congelada, según los datos entregados por Trademap, las importaciones totales de China de carne bovina alcanzaron en el año 2013 las 282.891 toneladas, y los principales socios comerciales fueron Australia, Uruguay y Nueva Zelanda. Esos mismos países lideraron el envío a China de carne congelada de cordero en 2013, alcanzando las 5.497 toneladas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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