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El Brasil Ovino

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La presencia mundial de Brasil en los agronegocios es contundente. En muchos rubros destacados se ubica en el podio de los mayores productores y/o exportadores del mundo. 

Sin embargo, en algunos productos del agro el país de la samba es neto importador. Este es el caso de la carne ovina, donde Uruguay juega un rol protagónico, al ser su principal abastecedor. Con alguna participación menor de Argentina y Chile, Uruguay es el principal proveedor del producto, con más de 90% del mercado.

Para la carne ovina uruguaya, Brasil representa, junto a la Unión Europea, uno de los dos mercados más importantes en volumen y precio obtenido. En 2011 representó 29% de las colocaciones de carne ovina en volumen y 36% de los dólares generados.

Algunos datos del ovino brasileño

Actualizada y fácilmente disponible encontramos información del agro brasileño en general y del rubro ovino en particular.

En base al IBGE (Instituto Brasileiro de Geografía e Estatistica) tuvimos la primera sorpresa al ver que el stock ovino aumenta ininterrumpidamente en Brasil desde el año 2003, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países del mundo.

Es así que, de un mínimo histórico de 14,2 millones de cabezas en 2002, pasó a 17,4 millones en 2010, último dato al que tuvimos acceso. El incremento ha sido lento pero sostenido y acumuló 22% en los últimos ocho años.

Al igual que en Uruguay, el stock ovino más alto se dio a principios de los 90, con máximos de 20 millones de cabezas. El Nordeste es la región con más ovinos de Brasil, representando 57% del total, con razas mayoritariamente de pelo en función de las características climáticas de esta región. Bahía concentra buena parte de la población ovina del Nordeste.

La otra región destacada para la producción ovina brasileña es el Sur, que en 2010 llegó a 4,9 millones de lanares (28% del stock). El estado de Rio Grande do Sul es el mayoritario, con un stock de cuatro millones de cabezas ovinas declaradas en 2010.

Algunos analistas privados brasileños coinciden en señalar que el sector presenta algunas debilidades importantes, entre las que resalta la falta de articulación entre los distintos actores de la cadena.

Se menciona una alta informalidad a nivel de faena, con estimaciones que ubican a la faena clandestina en algunos estados –como Rio Grande do Sul– en más de 60% del total.

A nivel primario, se menciona a la falta de escala y a la dificultad para conseguir mano de obra competente como algunas de las limitantes más importantes para dotar de competitividad al rubro, frente a otras opciones productivas.

Por su parte, las oportunidades que ofrecen un mercado interno de alto poder adquisitivo e incluso el acceso a mercados de exportación a partir de un precio internacional del producto que sigue mostrando un gran desempeño, motivan la revisión del accionar del rubro en la interna.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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