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La pandemia de COVID-19 amenaza la seguridad alimentaria global

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Un equipo internacional de investigadores alerta en la revista Science de las consecuencias de la crisis del coronavirus sobre la alimentación a escala mundial: subida de precios de frutas y verduras, colas de personas en bancos de alimentos, malas condiciones laborales en la industria agroalimentaria y desperdicio de productos. ¿Cuánto más podrá aguantar el sistema?

Las crisis económica y sanitaria provocadas por la pandemia de COVID-19 han situado a los gobernantes en la difícil tesitura de equilibrar las restricciones a la movilidad con la garantía del acceso a servicios básicos. Y aunque el mundo no se ha enfrentado a una gran escasez de alimentos, sí se han producido perturbaciones en la seguridad alimentaria internacional.

Esta es la principal conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores del International Food Policy Research Institute (IFPRI), que publican sus inquietudes en la revista Science. “Cuanto más tiempo dure la crisis, más se complicará la situación. La pregunta es: ¿cuánto más podrá aguantar el sistema?”, se cuestiona Rob Vos, director de Mercados, Comercio e Instituciones del IFPRI y uno de los autores del artículo, titulado How Global Responses to COVID-19 Threaten Global Food Security.

Según detalla este investigador a SINC, por el momento no se está produciendo un gran desabastecimiento alimentario. “Lo que sí estamos percibiendo es un aumento significativo de la inseguridad alimentaria”, señala.

La pandemia está afectando a los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos, su disponibilidad, su uso y su estabilidad

Un ejemplo claro de esta tendencia se puede observar en países desarrollados, donde aumentan las colas de personas sin recursos que acuden a los bancos de alimentos y comedores sociales. Las familias afectadas se ven forzadas a modificar sus dietas, optando por productos básicos, más asequibles, pero también menos nutritivos. “La disminución de los ingresos pone en riesgo el acceso a los alimentos”, se afirma en la publicación.

Efectos en los países más pobres

Para los investigadores del IFPRI, la pandemia está afectando a cuatro pilares de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos, su disponibilidad, su uso y su estabilidad.

En su pronóstico más reciente, el Fondo Monetario Internacional vaticina una caída del 5 % de la economía mundial para este año. A pesar de que sus consecuencias económicas golpean más fuerte a los epicentros de la pandemia (China, Europa y Estados Unidos), también afectan indirectamente a los países con ingresos más bajos mediante la disminución del comercio, la exportación de petróleo y otros productos básicos.

Según el artículo, más de 90 millones de personas podrían caer en la pobreza extrema. “La gente en extrema pobreza no tiene suficientes recursos para comprar los alimentos que se necesitan para evitar el hambre y la desnutrición”, describe la publicación.

“Mucha gente va a caer en la pobreza y no podrá comprar alimentos. Antes, las causas que más agravaban este problema eran los conflictos armados o los problemas climatológicos. Ahora es la COVID-19”, advierte Rob Vos

Los investigadores también afirman que los hogares pobres destinan el 70 % de sus ingresos a la alimentación, lo cual provoca que su seguridad alimentaria sea “especialmente vulnerable” ante las perturbaciones en los ingresos.

“Mucha gente va a caer en la pobreza y no podrá comprar alimentos. Antes, las causas que más agravaban este problema eran los conflictos armados o los problemas climatológicos. Ahora es la COVID-19”, sentencia este responsable.

Los cambios en los hábitos alimentarios provocados por la falta de ingresos y de poder adquisitivo son los que más preocupan a los investigadores del IFPRI. “Hemos visto que alimentos como frutas, verduras y carnes se han encarecido, llevando a la gente con menos recursos a decantarse por alimentos más básicos, como el trigo, el maíz o la soja, que proveen de calorías, pero de menos nutrientes”, cuenta a SINC Rob Vos. “Si las personas solo consumen este tipo de alimentos, aumenta el riesgo de sufrir consecuencias adversas para la salud, así como el de contraer la COVID-19”.

Según un análisis efectuado por este instituto en 300.000 hogares, las personas pobres invierten más de una cuarta parte de sus ingresos totales en alimentos básicos, mientras que los hogares no pobres solo gastan el 14 %.

Mayor riesgo en frutas y verduras

Otro de los problemas que ha generado la pandemia es la disminución de la producción y de la disponibilidad de los alimentos. “En casi todos los grandes países productores, como Estados Unidos, Rusia o los de Sudamérica, las explotaciones de productos básicos están mecanizadas y hay un gran distanciamiento social. En esos casos, el impacto de la COVID-19 no es tan grande”, explica Vos a esta agencia.

“Los problemas  han surgido donde ha habido más densidad laboral, en zonas donde se trabaja sin distancia de seguridad, principalmente en cultivos de frutas y verduras”, detalla el investigador. Es en centros de producción en los que se requieren manos humanas donde se han concentrado un número mayor de brotes. Precisamente, este factor ha incidido en la falta de disponibilidad y la subida de su precio de sus productos.

Según el artículo, más de 30.000 trabajadores en plantas procesadoras de alimentos han contraído la COVID-19 solo en Europa y en Estados Unidos, perturbando gravemente las cadenas de suministro.

Más de 30.000 trabajadores en plantas procesadoras de alimentos han contraído la COVID-19 solo en Europa y en Estados Unidos, perturbando gravemente las cadenas de suministro

Las restricciones a la movilidad, presentes en casi todos los países, también ha provocado un efecto negativo sobre la alimentación. A pesar de que los gobiernos reaccionaron rápidamente dando una prioridad alta a garantizar la producción y el aprovisionamiento de alimentos básicos, las cadenas de valor alimentarias tradicionales se han visto superadas. Uno de los mayores males que ha generado ha sido el desperdicio de alimentos.

“En muchas zonas de África, donde no disponen ni de sistemas de almacenamiento ni de transporte refrigerado, solían realizar los transportes por las noches, para no estropear los alimentos. Estos meses, con toques de queda, no les ha quedado otro remedio que efectuarlos de día, provocando que se desperdiciara una gran cantidad de comida”, ejemplifica el investigador a este medio.

El miedo a abrir las fronteras

El cierre de las fronteras comerciales también ha generado desestabilizaciones en el precio de los alimentos. Mientras que en España, según datos del IPC, casi únicamente ha subido el precio de frutas, verduras y hortalizas, en los mercados internacionales productos como el arroz aumentaron su precio alrededor de un 20 % durante los cuatro primeros meses del año. Este efecto, aunque en ocasiones puede beneficiar a los agricultores, “tiende a perjudicar a todos, porque induce a la incertidumbre en el suministro, eliminando las inversiones que puedan mejorar la productividad o la calidad de los alimentos”, explica el informe.

Al igual que ocurre en España, muchos cultivos se mantienen gracias a la mano de obra procedente de otros países. Mientras que en nuestro caso lo hacen desde el norte de África o Sudamérica, En Estados Unidos lo hacen desde México y otros países del centro de América.

Los autores coinciden en que las soluciones pasan por asegurar la producción y distribución de alimentos garantizando la seguridad de los trabajadores

“Al llegar la COVID-19, 40 millones de personas perdieron sus trabajos en Estados Unidos, pero no se ofrecieron para trabajar en los campos. Los campesinos, que estaban desesperados, presionaron mucho para que los trabajadores de Centroamérica pudieran acceder al país. Estos trabajadores no tienen buenas condiciones laborales y, por ello, se están infectando”, narra Vos. “Cuando hay una recesión económica, es típico que haya quejas sobre la población inmigrante. Varía poco de país en país”, considera.

Para paliar estos problemas, los investigadores del IFPRI coinciden en que las soluciones pasan por asegurar la producción y distribución de alimentos garantizando la seguridad de los trabajadores. El cumplimiento de estas medidas depende de recursos económicos. “Será importante que los países de altos ingresos y las organizaciones internacionales contribuyan tanto como puedan para apoyar a los países pobres con necesidades financieras”, aseguran.

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La Unión Europea oficializó la exclusión de Brasil como proveedor de diferentes carnes y miel

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  • La UE ratificó la decisión que había adelantado a mediados de mayo.
  • Brasil no presentó información respecto a medidas que impida la utilización de antimicrobianos en la producción de proteína animal.
  • El bloque europeo decidió sancionar a Brasil, que no podrá exportar carnes a partir de septiembre.

La Unión Europea (UE) oficializó en las últimas horas la exclusión de Brasil de la lista de proveedores de carnes y miel por no haber entregado la información solicitada sobre la utilización de antimicrobianos en la producción ganadera.

De esta manera, el bloque europeo, a pesar del acuerdo de libre comercio firmado con el Mercosur, decidió avanzar con las sanciones hacia el gigante sudamericano, lo que podría implicarle un golpe de US$ 1.800 millones al país vecino.

Lo hizo a través del Reglamento de Ejecución 2026/1189, publicado a finales de la semana pasada, en el cual se derogan y modifican algunas normativas anteriores, entre ellas, cuáles son los países habilitados para exportar al bloque que no utilizan “determinados medicamentos antimicrobianos”.

El texto publicado detalló que “Brasil figura actualmente con una «X» para los bovinos, los equinos, las aves de corral, la acuicultura, la miel y las tripas. Sin embargo, la Comisión no ha recibido información que garantice que Brasil aplicó las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento para el 3 de septiembre de 2026 de los requisitos establecidos en el artículo 3 del Reglamento Delegado (UE) 2023/905 para estas categorías. Procede, por tanto, suprimir la marca «X» para los bovinos, los equinos, las aves de corral, la acuicultura, la miel y las tripas del anexo en el presente Reglamento”.

De esta manera, el bloque europeo ratificó el borrador que dio a conocer a mediados de mayo y afectará un negocio que representa US$ 1.800 millones para Brasil de no poder modificar esta decisión.

Según datos del Ministerio de Agricultura del país vecino, relevados por el portal O Globo, la Unión europea es el cuarto principal destino de su carne vacuna, con 129.000 toneladas anuales por un total de US$ 1.090 millones.

Si bien la legislación europea prohíbe el uso de antimicrobianos destinados a promover el crecimiento o aumentar la productividad de los animales, además de restringir antibióticos reservados para tratamientos humanos, en Brasil todavía existen productos y esquemas de utilización que generan cuestionamientos en Europa, cabe remarcar que la UE no lo está excluyendo por contaminación con antimicrobianos del producto, sino porque afirman que Brasil “no aplicó las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento para el 3 de septiembre de 2026 de los requisitos establecidos”.

Por su parte, en la Argentina, el uso de antibióticos como promotores de crecimiento en animales destinados al consumo está prohibido.

Al momento de conocerse el borrador que adelantaba la medida a mediados de mayo, el consultor ganadero Víctor Tonelli, indicó a Clarín Rural que en Brasil se utilizan productos antimicrobianos con doble propósito: sanitario y de promoción del crecimiento. “Lo importante no es el crecimiento, sino la resistencia a los antimicrobianos. A medida que las bacterias desarrollan resistencia, nos vamos quedando sin antibióticos eficaces”, señaló.

Tonelli remarcó que la principal diferencia con la Argentina es el nivel de control y trazabilidad. “En Brasil no hay control ni trazabilidad suficiente y la Unión Europea no tiene garantías». Para el especialista, la decisión europea funciona además como “una señal para que todos los países productores se alineen con estándares más estrictos”.

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Con verdeos de invierno, aseguran disponibilidad de forraje de calidad

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Especialistas del INTA El Colorado aseguran que su implantación es una estrategia clave para cubrir el bache forrajero invernal en sistemas ganaderos subtropicales. Para esto, brindan una serie de pautas para su implantación y manejo eficiente.

En la región subtropical, el bache forrajero invernal condiciona la producción ganadera. Frente a este contexto, los especialistas del INTA El Colorado, Formosa, destacan la importancia de implementar verdeos de invierno y lo consideran una estrategia clave para asegurar disponibilidad de forraje de calidad hasta la primavera.

Según explicó Jorge Passamano, investigador del INTA El Colorado, “la planificación debe iniciarse con anticipación, a fin de definir lotes con buena aptitud productiva, suelos profundos y adecuado acceso al agua”. En este sentido, recomendó “un barbecho previo de 40 a 45 días para favorecer la mineralización y lograr una correcta cama de siembra”.

La ventana de siembra detalló el especialista se ubica entre mediados de marzo y abril, condicionada a precipitaciones iniciales de entre 30 y 50 milímetros. En la región, estos sistemas pueden ofrecer disponibilidades de entre 3 mil y 5 mil kilos de materia seca por hectárea, en distintos momentos del ciclo.

En cuanto a las especies más utilizadas, Passamano destacó la avena sola o en consociación con leguminosas como vicia o melilotus, lo que permite mejorar el balance entre fibra y proteína. También se refirió a la alfalfa, especialmente en el sur provincial, tanto para pastoreo como para confección de reservas.

Según explicó el técnico, los verdeos de invierno cumplen un rol central para cubrir el bache forrajero y sostener el estado corporal del rodeo, especialmente en categorías sensibles como las vaquillas de reposición de 1 a 2 años. Se trata de recursos de alta calidad, con elevada digestibilidad y un aporte proteico que oscila entre el 17 y el 20 %, lo que los posiciona como una herramienta clave para mejorar la nutrición en momentos críticos del año.

En este sentido, el manejo resulta determinante para aprovechar su potencial. Se recomienda trabajar con sistemas de apotreramiento rotativo que permitan entre dos y tres ingresos de animales por campaña, asegurando así entre dos y tres rebrotes y una mayor eficiencia en el uso del recurso.

Passamano recomendó un sistema rotativo, con tiempos de ocupación no mayores a dos días y ajuste de carga según disponibilidad de forraje. Y agregó: “Es fundamental preservar el ápice de crecimiento para asegurar el rebrote”. En esta línea, destacó que “la correcta administración del pastoreo permite maximizar la producción y sostener la disponibilidad de forraje durante todo el período invernal”.

Además, en la región, estos verdeos se integran con pasturas megatérmicas diferidas, que aportan mayor contenido de fibra (alrededor del 7 % de proteína), generando un equilibrio nutricional entre proteína y fibra. Si bien predomina el pastoreo directo, los remanentes también pueden destinarse a la confección de rollos, consolidando una estrategia flexible y eficiente dentro del sistema productivo.

Entre las principales limitantes, destacó la variabilidad climática del otoño en la región y los costos de implantación, estimados entre 65 y 80 kg de ternero por hectárea.

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Día mundial de La Leche

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El mundo levantó un vaso por primera vez en el Día Mundial de la Leche en 2001. Desde entonces, este evento anual se ha celebrado en más de 40 países y el número sigue creciendo. Cada país rinde homenaje a la leche de manera diferente, pero sigue existiendo un tema común: la potencia de la leche y la industria láctea.

El 1 de junio se celebra el Día Mundial de la Leche, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con el objetivo de tratar cuestiones relacionadas con el sector lechero en todo el mundo y para incentivar el consumo de leche en todo el mundo.

El Día Mundial de la Leche aún no ha sido reconocido como un día internacional oficial por las Naciones Unidas, pero ello no impide a la FAO a recopilar los eventos organizados por los países y organizaciones y difundir esta información.

Beneficios de la leche para el organismo
La leche es un alimento muy nutritivo que proporciona energía, proteínas y micronutrientes a quiénes la consumen, y contribuye a reducir el hambre y la desnutrición en el mundo.

Se dice que es uno de los alimentos más completos que existen. No en vano, es el primer alimento que toman los seres humanos al nacer.

Un vaso de leche aporta aproximadamente un 30% de la dosis diaria de calcio recomendada, elemento imprescindible para la formación y desarrollo de los huesos. Además, contiene otros nutrientes necesarios para la vida como fósforo, magnesio, zinc, yodo, selenio y vitaminas A, D y del complejo B. También contiene ácidos grasos, hidratos de carbono, proteínas y agua.

Además de lo más obvio, son múltiples los beneficios de consumir leche y derivados lácteos, como yogures y quesos.

  • Ayuda a conciliar el sueño. Siempre se ha dicho que un vaso de leche caliente antes de acostarse iba bien para relajarse.
  • Es importante para la hidratación, ya que contiene gran cantidad de agua.
  • Previene enfermedades crónicas no trasmisibles como la diabetes, la hipertensión o trastornos cardiovasculares.
  • Ayuda a mantener los huesos fuertes y sanos, gracias al calcio y otros elementos.
  • Previene las afecciones dentarias y bucales.
  • Neutraliza la acidez estomacal ya que es un alimento alcalino.
  • Promueve el crecimiento de la flora bacteriana intestinal.
  • Se recomienda la ingesta de al menos tres porciones de lácteos o derivados al día, siendo muy importante crear el hábito en los niños.

Intolerancia a la lactosa

Aunque hemos hablado de que la leche es un alimento muy nutritivo y beneficioso para el organismo, muchas personas desarrollan intolerancia a la lactosa.

La lactosa es un carbohidrato o azúcar de origen natural presente en la leche y en los productos lácteos. Pero para descomponerlo el cuerpo necesita la encima de la lactasa. Muchas personas no producen suficiente lactasa y tienen problemas de intolerancia.

En ese caso, los expertos recomiendan consumir leche con bajo contenido en lactosa, o sin lactosa, o probar con otros productos lácteos como los yogures y el queso que tienen menos cantidad de lactosa que la leche en sí.

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