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Investigadores Mexicanos Buscan Aumentar Fertilidad de las Vaquillas Lecheras

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El experimento surgió luego de que productores de Mexicali pidieran soluciones en el tema de reproducción de sus vacas, cabe mencionar que el proyecto puede ser implementado únicamente por la industria ya que se requiere de infraestructura adecuada.

Investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California en México (UABC), llevan a cabo un estudio en busca de una solución a la problemática de fertilidad de las vaquillas productoras de leche en esta región del país azteca. 

El investigador del Instituto de Ciencias Agrícolas de la UABC, Abelardo Correa Calderón, dijo que durante la época del verano, la fertilidad del ganado es de un 30 por ciento y con esta investigación se propone aumentarla a un 50 por ciento.

El experto de la UABC señaló que el estudio se denomina “Respuesta reproductiva, endocrina y estado nutricional de vaquillas lecheras inseminadas a tiempo fijo y suplementadas con progesterona y enfriamiento artificial en verano”.

Correa Calderón explicó que este proyecto surgió cuando un grupo de productores lecheros de Tijuana, que crían sus vaquillas en Mexicali, solicitaron una solución a la problemática en torno a la reproducción de sus animales durante el verano.

El problema afecta económicamente, pues las vaquillas, en lugar de tener crías en una edad de 22 ó 23 meses, podrían llegar hasta los 27 ó 28 meses para lograrlo, aseveró.

Agregó que esta demora al productor le cuesta tres o cuatro veces más el mantener una vaquilla sin que esté produciendo leche.

Con este proyecto se buscan alternativas tanto en manejo hormonal como en manejo ambiental, que permitan aumentar la fertilidad.

Las vaquillas son suplementadas con progesterona después de haber sido inseminadas, además de un periodo de enfriamiento a través de abanicos y aspersores de agua instalados en el establo, debidamente techado.

El suplemento inicia su funcionamiento al momento de la inseminación y finalizan 21 días después, lo que abarca el periodo en el que el embrión es más débil.

“El procedimiento puede ser aplicado en la industria, pero no adoptado por cualquier productor ya que se requiere tener una infraestructura adecuada para poder implementar las técnicas de manejo medio ambiental”, externó.

Los resultados parciales de la investigación se presentaron en agosto de 2011 en León, Guanajuato, en el Congreso Nacional de Buiatría; y en noviembre en Punta Arenas, Chile, en la Reunión Anual de la Sociedad Chilena de Producción Animal.

Además, se han publicado en revistas científicas de clase mundial y se han exhibido en congresos por toda América, señaló Correa Calderón, responsable de esta investigación.

Correa Calderón cuenta como colaboradores con los doctores Leonel Avendaño Reyes y Ulises Macías Cruz, miembros del Cuerpo Académico de Fisiología y Genética Animal, así como con la participación del estudiante Mario Alberto Sandoval.

Fuente: Agencias

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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