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Grasas Vegetales Sobrepasantes para una Mayor Productividad en Vacas Lecheras

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Un estudio colombiano comprueba que alimentar los hatos lecheros con aceites vegetales aumenta significativamente la producción del nutritivo líquido. Es más benéfico para las vacas en periodo de lactancia, porque les brinda más defensas ante enfermedades.

Uno los sectores pecuarios más desarrollados del mundo es el ganadero. A las vacas les exprimen, literalmente, hasta su última gota de leche dado el continuo crecimiento del consumo de derivados lácteos. Debido a esto, se exploran nuevos mecanismos para hacer aún más productivos los hatos lecheros.

Sin embargo, el continuo mejoramiento genético para lograr este fin se ha relacionado con la disminución en la fertilidad de estos animales. Esto se explica por el incremento en sus requerimientos nutricionales en el momento de la gestación y la deficiencia en las condiciones de manejo y alimentación.

La exagerada movilización de reservas de energía del tejido adiposo (grasa) y los cambios en la concentración de metabolitos y hormonas del metabolismo causan un retraso en la reactivación fisiológica de la reproducción. De hecho, el periodo de gestación es una de las etapas más críticas tanto para el ganado como para los productores.

¿Cómo lograr que las vacas preñadas continúen su etapa como “despensas” de leche y no se afecte su salud? Definitivamente la alimentación es un factor esencial.

Un Buen Suplemento

Mantener el ritmo de crecimiento y la calidad de la leche colombiana es crucial para ser más competitivos en un mercado internacional cada vez más reñido. Por eso, el Grupo de Investigación en Manejo y Conservación de Ganado Criollo Hartón del Valle, de la Universidad Nacional de Colombia (UN) en Palmira, trabaja en estrategias que deriven en valores agregados para el sector.

Estudian los cambios metabólicos y nutricionales de las vacas durante las tres semanas finales de gestación y las tres siguientes al parto. Es un tiempo conocido como período de transición.

En este intervalo se presentan diversos procesos de adaptación del organismo a una crítica situación productiva. Por ejemplo, al acercarse la lactancia (último mes de gestación), se incrementan los requerimientos energéticos del animal hasta en un 23%.

Paralelo, el consumo de alimento se disminuye hasta en un 30%. Esto ocasiona un desbalance entre los nutrientes requeridos y los consumidos (un balance energético negativo); el cual comienza desde un mes antes del parto y puede llegar hasta la séptima semana después del mismo.

“Lo anterior está estrechamente relacionado con la aparición de enfermedades metabólicas y la función reproductiva posparto, lo que repercutirá en el ciclo productivo de la vaca”, sostiene el profesor Rómulo Campos Gaona, doctor en Ciencia Veterinaria y director del Grupo.

El investigador señala que en este período las hembras presentan una alta demanda energética y no es posible cubrirla con la alimentación normal. Por esta razón, se ven obligadas a movilizar sus reservas corporales de grasa para mantener la producción de leche, lo cual se refleja en un desgaste notable de su condición corporal.

Las grasas son una fuente importante de energía, pero pueden interferir con la fermentación ruminal, que es el proceso por el cual los rumiantes transforman el pasto digerido en energía. Lo que ocurre, entonces, es una disminución en el aprovechamiento de la fibra, y se deprime la producción de grasa láctea.

Por este motivo, se hace necesario utilizar grasas de sobrepaso elaboradas principalmente de aceites vegetales. Estas proporcionan ácidos grasos parcialmente hidrogenados o sales cálcicas de ácidos grasos que no son metabolizadas en el rumen (la primera de las cuatro cavidades que conforman el estómago de los rumiantes); por tanto, no afectan los procesos fermentativos que allí ocurren.

Esto significa que el organismo del animal absorbe directamente el material sobrepasante (llamado así porque evita su paso por el rumen) y así se evitan las complicaciones digestivas, contrario a lo que ocurre con otra clase de suplementos alimenticios.

Comparaciones en Campo

El trabajo de grado de Katherine García Alegrías, estudiante de Zootecnia de la UN en Palmira, bajo la dirección de profesor Campos, evaluó el efecto de la adición de grasa sobrepasante en la alimentación del ganado, en aspectos como la producción y composición de la leche, la condición corporal de los animales, la respuesta inmunológica y la reactivación ovárica en vacas lecheras.

La investigación se llevó a cabo en la hacienda Campo Alegre, localizada en el municipio de Palmira, en donde se utilizaron 17 animales de origen multirracial, con cruzamientos genéticos de las subespecies bovinas Bos indicus y Bos taurus, utilizadas para la producción de leche.

Los ejemplares seleccionados se encontraban en un período cercano al parto y fueron distribuidos en tres grupos: uno de control compuesto por siete animales y dos de cinco ejemplares cada uno, a los cuales se les asignaron dos niveles de suplementación de grasa sobrepasante, de 150 gramos (denominado Tratamiento 1) y de 300 gramos de una grasa comercial (denominado Tratamiento 2).

Buen Rendimiento 

El profesor Campos indica que entre mayor grasa sobrepasante se les suministró, más se incrementó la producción de leche en el posparto temprano sin que los animales se hubieran visto obligados a movilizar drásticamente sus reservas corporales. También mejoró, a su vez, la eficiencia reproductiva del hato hasta en un 60%, con una reactivación ovárica temprana y mayor tasa de preñez.

De otra parte, la suplementación evidenció mejoras en la respuesta inmune de las vacas en período de transición, al mostrar un aumento en el porcentaje de neutrófilos (células de defensa del organismo que ayudan a disminuir los riesgos de aparición de enfermedades infecciosas).

Con el trabajo se comprobó que los hatos lecheros pueden implementar estrategias de alimentación más eficaces para el aumento de la producción, pero a la vez más benéficas para la salud de los animales.

Colombia es Lechera por Excelencia

  • Según Proexport, Colombia ha logrado posicionarse como el cuarto productor de leche en América Latina con un volúmen aproximado de 6.500 millones de litros por año, superado solo por Brasil, México y Argentina.
  • En el mundo ocupa el puesto quince. Además, pasó de 2.000 millones de litros en el año de 1979 a 6.500 millones en 2010, con una tasa de crecimiento promedio de 3,5% anual.
  • Esta dinámica es el resultado de las innovaciones en los sistema de alimentación y manejo del ganado, y principalmente del mejoramiento genético de los hatos gracias a la compra y renovación de especies forrajeras altamente productivas.

 

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Colombia

Lactoinducción permite recuperar animales con problemas de Fertilidad

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Esta es una práctica en la que a través de procesos hormonales y químicos se induce la lactancia en vacas infértiles, con el objetivo de lograr no solo la producción de leche sino trabajar y recuperar animales con problemas reproductivos.

La lactoinducción es justificable desde el punto de vista económico y de producción y se está implementando en Colombia en los últimos años, especialmente, en las sabanas de Bogotá.

Cesar Augusto Gómez Velásquez, médico veterinario, magíster en reproducción animal y docente de la Universidad de la Salle, explicó que como su nombre lo indica, la lactoinducción se refiere al proceso de la inducción artificial de una lactancia.

Indicó que hay que partir de que la lactancia se produce después de un parto, donde hay un juego hormonal durante la gestación entre progesterona y estrógeno.

El médico veterinario señaló que en algunas ganaderías de leche hay vacas que son genéticamente muy buenas, pero que por diferentes razones llegan al final de la lactación sin lograr una gestación; es decir, vacías. En su opinión experta, esas vacas se convierten en problemas para el hato porque tienen muchos días abiertos y eso representa importantes pérdidas económicas.

“Cuando ocurre lo anterior, surge una alternativa con la cual a partir del uso de hormonas se simula una gestación y una vez decaen los niveles séricos, el animal cree que ha parido y genera una nueva lactancia”, detalló.

Agregó que se presume que la lactancia después de la inducción química, representa en aumento de entre 70 % y 80 % con relación a la anterior, es decir, que el productor va a tener ciertas ganancias.

Gómez Velásquez comentó que cuando hay animales con problemas como estos, la única solución no es eliminarlos o descartarlos, sino que la idea sería mantenerlos en el hato produciendo leche y que más adelante se pueda trabajar en solucionar los problemas reproductivos.

Eliana María Reinoso, médica veterinaria, especialista en reproducción y conocedora del tema, comentó que los protocolos se aplican en vacas que tienen más de 250 días abiertos y se realizan con el objetivo de reanudar la producción de leche de los animales, porque en la mayoría de caos, son ejemplares de alto rendimiento.

“La idea es mitigar las pérdidas económicas de un animal mientras está en la finca sin producir leche”, sostuvo Reinoso. Asimismo detalló que hay 3 protocolos: uno con progesterona inyectable, otro con un dispositivo intravaginal y uno último con progesterona micronizada, es decir, de larga acción.

Señaló que el protocolo más utilizado en el país tiene una duración de 21 días, se inicia inyectando progesterona y estrógeno simultáneamente por 10 días. Añadió que durante los días 18, 19 y 20  se aplica dexametasona y que luego en el día 21, el animal es dirigido a la sala de ordeño para estimular la secreción de leche y se la da oxitocina para ayudar la eyección del líquido.

En Colombia ya hay fincas que están trabajando e implementando procesos de lactoinducción y se conocen casos en los que se han ‘rescatado’ animales que eran buenos productivamente pero no reproductivamente mediante esta alternativa.

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Colombia

Los Ganaderos también son los Guardianes del Bosque

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Un estudio realizado en ocho predios ganaderos en una zona rural de Palmira en el departamento colombiano del Valle del Cauca, demostró que el uso de los recursos naturales (suelo, agua y atmósfera), no afecta la sostenibilidad de la zona, pero aspectos como falta de vías y servicios públicos perjudican la calidad de vida de sus pobladores. Para ellos, se propone un esquema de pago por servicios ambientales.

Entre los parques naturales Las Hermosas y Nima (Valle del Cauca), a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la vereda La Nevera. Allí la mayoría de sus habitantes han encontrado en la ganadería una de las pocas fuentes de sustento.

Esta actividad no es de carácter intensiva y tecnificada, por el contrario, la ganadería que practican es extensiva, pues suelen tener un animal por hectárea en promedio. Aunque resulta positivo en aspectos medioambientales, no representa una óptima rentabilidad y se ve reflejado en la disminución de su calidad de vida, por la falta de vías y servicios públicos básicos, entre otros.

“Esta situación podría afectar la sostenibilidad del sistema productivo”, afirma Raúl Andrés Molina Benavides, zootecnista y magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Palmira, quien adelantó un estudio en la zona para caracterizar los sistemas ganaderos y evaluar su viabilidad ambiental, económica y social.

Según el experto, lo que sucede en esta vereda, ubicada en la zona rural alta del municipio de Palmira, es el reflejo de lo que acontece en el país. De las más de 51 millones de hectáreas dedicadas a las actividades agropecuarias, alrededor de 37 millones se destinan a la ganadería, particularmente la bovina, que en un 70 % se realiza bajo sistemas de producción extensivos.

“Estos se caracterizan por una baja eficiencia en el uso del suelo, sumado a un gran deterioro ambiental a causa de problemas como la deforestación, las quemas, la erosión, la pérdida de la biodiversidad y la inequidad social, factores que han influido en la percepción sobre la ganadería bovina, vista como un sector productivo que atenta contra la sostenibilidad ecológica mundial”, amplía.

Ambientalmente Sostenible

Para el desarrollo del estudio, se tomaron 192 muestras de suelo en ocho predios, a dos rangos de profundidad (0-5 y 5-10 cm) en cuatro sitios de muestreo (una en bosque nativo y tres en potreros destinados para el pastoreo del ganado) y con tres repeticiones por sitio de muestreo. Además, para indagar aspectos como el tamaño del predio, el área en pastos, el número de animales en el hato, la cantidad de vacas en el ordeño, las fechas de partos y la producción de leche por vaca diaria, se realizó una encuesta a los propietarios.

De esta manera, el investigador encontró considerables valores de carbono orgánico en el suelo (33,72 toneladas por hectárea (t/ha) para el bosque y 25,29 t/ha para los potreros), así como una óptima densidad o compactación (de 0,46 gramos/centímetros cúbicos -g/cm3- y 0,5 g/cm3, respectivamente).

Según estos resultados, los suelos de la zona son importantes sumideros (acumuladores) de dióxido de carbono, ya que tienen buena capacidad de retención de agua y de fertilidad moderada, explica el investigador.

Para medir la cantidad de agua utilizada por un bovino, (huella hídrica) desde su nacimiento hasta el sacrificio (10 años), se consideraron tres aspectos: la cantidad de líquido necesario para alimento (forraje y concentrados), bebida y servicios. En La Nevera esta fue de 16.222 m3, valor que se encuentra por debajo del promedio mundial. Esto puede atribuirse a las altas precipitaciones (lluvias) de la zona, lo que disminuye la cantidad de agua requerida para el riego de los potreros.

En cuanto a la emisiones de gases de efecto invernadero, calculadas a través del simulador dgas (Dairy Greenhouse Gas abatement strategy Calculator), las fincas en promedio emitieron 76 kg de dióxido de carbono equivalente por año –kg CO2eq (unidad de medida que unifica diferentes poderes de calentamiento global). Respecto a la huella de carbono, esta fue de 4,2 kg CO2eq/kg de leche, el cual está por encima del promedio mundial (2,6), debido a la baja producción de leche por animal.

Problema Social

En relación con el componente social, el 75 % de las viviendas de los predios estaban en estado regular, el 100 % de los campesinos no acceden a programas de educación, capacitación y asistencia técnica y la totalidad de los predios no cuentan con servicios públicos (agua, luz, alcantarillado, gas, etc.).

Precisamente, Evier de Jesús Dávila, secretario de Infraestructura de la Alcaldía de Palmira, afirma: “aunque lo ideal sería que las trochas fueran pavimentadas, por la falta de recursos únicamente se ha realizado mantenimientos, cada seis meses, a los 48 kilómetros de vía terciaria”.

A su vez, Jorge Enrique Llano, secretario de Vivienda señala: “en cuanto a servicios públicos, se pasó un proyecto a la electrificadora EPSA, pero por falta de viabilidad financiera fue descartado. De igual manera, apenas se ha desarrollado la primera parte de una iniciativa que busca la puesta en marcha de sistemas alternativos de energía, con la instalación paneles solares”.

Asimismo, dentro de los resultados, el 87,5 % de las fincas no tiene huertas caseras o cultivos, actividades relacionadas con la soberanía alimentaria. “Durante los recorridos vimos que había un puesto de salud sin equipos ni personal de atención. Además, paradójicamente, muchos de ellos deben ir hasta la ciudad para adquirir los alimentos”, amplía el zootecnista.

Otro aspecto detectado durante el estudio fue la pérdida del relevo generacional, ya que la mayoría de personas participantes eran de la tercera edad. En opinión del profesor Hugo Sánchez Guerrero, de la UN Sede Palmira, “las personas abordadas en los predios eran ancianos y por eso debe haber un incentivo para que los jóvenes se queden en el campo. Si van a estudiar a la ciudad, deben tener garantías para regresar e impulsar el agro”.

Pago por Servicios Ambientales

Los expertos coinciden en señalar que el entorno y las condiciones socioeconómicas son limitantes para crear estrategias de reconversión (acciones conjuntas que beneficien lo ambiental y productivo), pues los campesinos, abandonados por el Estado durante años, desconocen técnicas adecuadas para que su actividad sea más sostenible.

Ante esta situación, los investigadores proponen un esquema de pago para los campesinos por el cuidado, conservación, mejoramiento y monitoreo de los recursos naturales que poseen en sus predios.

De esta manera, “sería posible generar información de la dinámica que sirva para mostrar a los beneficiarios e interesados en comprar un servicio ambiental real, ya sea gobierno, Estado o también empresas privadas, a través de planes de responsabilidad social”, explica Raúl Andrés Molina.

Gracias a estos estudios, se podrá identificar el impacto de la producción agropecuaria en zonas altoandinas que presentan problemáticas sociales, económicas y ambientales, los cuales deberán ser considerados para impulsar el agro colombiano, de cara al posconflicto.

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Colombia

Como Previene Colombia la Rabia Bovina

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El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) cuenta con más de 4.598 sensores epidemiológicos, entre ganaderos, médicos veterinarios, trabajadores del campo y estudiantes, que prestan este importante servicio para atender cualquier posible foco que pueda presentarse. Con la información de estos sensores se cubre cerca del 90 % del territorio colombiano.

Con el objetivo de prevenir y controlar la rabia de origen silvestre, el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, adelanta en todo el país actividades de prevención, vacunación y captura de murciélagos hematófagos, para evitar la propagación de la enfermedad.

La Entidad cuenta además con una red sensores epidemiológicos con los cuales cubre cerca del 90% del territorio nacional, lo que facilita la ubicación de las colonias, y la captura de murciélagos hematófagos.

Una vez se capturan son identificados y clasificados y se procede a su tratamiento con el anticoagulante, luego son liberados para que lleguen nuevamente a sus colonias e iniciar así el control de los vampiros. Algunos de estos animales y muestras de tejidos se envían al Laboratorio Nacional de Diagnóstico Veterinario del ICA.

Así mismo, por disposición del ICA, durante el ciclo de vacunación contra la fiebre aftosa que se realiza dos veces al año en todo el país, los ganaderos deben vacunar de manera preventiva contra a la rabia en los predios con mayor incidencia de mordeduras de murciélagos.

Para el año 2015 fueron atendidas todas las notificaciones de síndrome neurológico en animales de producción primaria confirmándose 207 focos positivos a la enfermedad en los departamentos: Antioquia, Arauca, Bolívar, Caquetá, Casanare, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Guainía, La Guajira, Magdalena, Nariño, Norte de Santander, Putumayo, Sucre y Vichada.

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Foto. Captura de Murciélagos Transmisores

De los 207 casos positivos de rabia de origen silvestre, el 84% de los focos corresponde a la especie Bovina, el 14% a la Equina y el 1,45% otras especies como ovinos y porcinos.

La reducción en la población de murciélagos hematófagos transmisores de la enfermedad, es realizada por personal del ICA, y técnicos capacitados y previamente en dicha labor, quienes realizan permanentemente jornadas de captura de los animales.

El ICA recomienda a los ganaderos del país realizar actividades para la prevención y control de la rabia silvestre como:

  • Vacunar a toda la población de bovinos, equinos, caninos y demás especies susceptibles a la enfermedad cada año con las vacunas con registro ICA que se comercializan contra la rabia.
  • Informar al ICA cuando hay animales con signos neurológicos y con mordedura de murciélago en sus predios.
  • No manipular los animales que presenten los signos neurológicos.
  • Identificar refugios como cuevas, árboles huecos donde viven los murciélagos, y notificar al ICA para que haga la captura indicada.
  • No comercializar la carne de animales enfermos.
  • La rabia de origen silvestre es una de las principales enfermedades zoonóticas, es decir, que se transmite de los animales a las personas.
  • El virus de la rabia infecta el sistema nervioso central y puede llegar a causar la muerte. Afecta a los animales domésticos como bovinos, equinos, ovinos, caprinos, porcinos, caninos y felinos.

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