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El ‘Control de Cambios’ Genético quiere Vacas sin Cuernos

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La edición de su propio ADN podría evitar que los ganaderos corten sus astas para manejarlas mejor.

Hace cuatro años Scott Fahrenkrug vio una noticia en el canal ABC sobre la práctica de quitarle los cuernos a las vacas lecheras, un doloroso procedimiento que hace que sea más seguro manejar a los animales. En las imágenes, temblorosas porque estaban tomadas con cámara oculta, se veía a una vaquilla blanca y negra de raza Holstein gimiendo y coceando mientras le quemaban los cuernos con un hierro candente.

Fahrenkrug, genetista molecular en la Universidad de Minnesota (EEUU) en aquella época, pensó que tenía una forma de resolver el problema. Podía crear vacas sin cuernos. Podía ahorrar dinero a los ganaderos. Y eliminando el secreto más desagradable de la industria lechera, podía incluso conseguir un éxito para la imagen de la ingeniería genética.

La tecnología que Fahrenkrug cree capaz de todo esto se llama edición genómica (ver «Cirugía del genoma» y «¡Bienvenidos al mundo, monos transgénicos!»). Una forma precisa, rápida y nueva de alterar el ADN que ha entrado arrasando en los laboratorios de biotecnología. Los investigadores ya la han usado para cambiar genes de ratones, peces cebra y monos, y se está probando como método para tratar enfermedades humanas como el VIH (ver «La terapia génica está un paso más cerca de curar el VIH»).

En el caso de los animales de granja, la edición de genes ofrece algunas posibilidades extraordinarias. En su start-up, Recombinetics , con sede en St. Paul (EEUU), Fahrenkrug cree que puede crear vacas lecheras premium con rasgos que no se suelen encontrar en este tipo de vacas pero sí en otros bovinos, como la falta de cuernos o la resistencia a determinadas enfermedades. Este tipo de «cría molecular» conseguiría los mismos efectos que la naturaleza, pero mucho más rápido. En breve, se podría editar a un animal para que tuviera los mejores genes disponibles para su especie.

Esto es algo que podría transformar la industria ganadera global. Las empresas podrían patentar los animales resultantes igual que hacen con la soja modificada genéticamente o con el maíz. Y ahora los emprendedores están dispuestos a enfrentarse a la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA por sus siglas en inglés), que nunca ha aprobado ni un alimento ni un animal que hayan sido modificados genéticamente. Los emprendedores afirman que la edición genética no tiene por qué regularse si sólo se usa para intercambiar rasgos dentro de una misma especie. «Se trata de genes que ya existen en una especie que ya comemos», afirma Fahrenkrug.

El uso de la tecnología es experimental y está aún muy lejos de la cadena alimentaria. Pero ya hay grandes empresas ganaderas invirtiendo en ella. «Puede existir la oportunidad de que se dé un diálogo público de aceptación diferente y una nueva legislación», afirma el director de I+D de Genus , Jonathan Lightner cuya empresa, con sede en el Reino Unido, es la mayor criadora de cerdos y ganado vacuno del mundo y ha pagado parte de la investigación en laboratorio de Recombinetics. «No se trata de crear un pez fosforescente, sino de una vaca a la que no habría que cortarle los cuernos».

Fiasco Transgénico

Hasta la fecha, los animales transgénicos para consumo han sido un fiasco. A los primeros ratones modificados genéticamente con ADN viral en la década de 1970, le siguieron toda una procesión de animales modificados, entre ellos ovejas que producen más lana gracias a gen de un ratón, cabras cuyas ubres producían seda de araña y salmones que maduran el doble de rápido de lo normal. Pero este tipo de animales transgénicos (que incorporan genes de otras especies) casi nunca han conseguido salir de las granjas experimentales.

Los detractores de los organismos modificados genéticamente recogieron millones de firmas para impedir la creación de «frankenalimentos» y la FDA no ha aprobado ninguno de estos animales como comida. AquaBounty Technologies, la empresa que creó el salmón transgénico de crecimiento rápido ha invertido 18 años y 70 millones de dólares (unos 51 millones de euros) intentando que aprueben sus peces. Hace dos años, la Universidad de Guelph (Canadá) sacrificó a su cabaña de «cerdos ecológicos», modificados con un gen del E. coli para que excretaran menos fósforo, después de desesperar de poder convencer a los organismos reguladores.

Foto. El genoma de la vaca de raza Nelore que se ve a la derecha se editó para producir un 30% más de fibra muscular

La edición genómica también se puede usar para crear animales transgénicos. Pero las vacas que se editaran para que nacieran sin cuernos no tendrían ADN de otra especie, sino ADN de una raza distinta de vacas. Por eso los emprendedores esperan poder encontrar un resquicio legal. Las reglas de la FDA respecto a animales modificados, emitidas en 2009, no incluían la edición genómica y, en opinión de Fahrenkrug, es posible que no la cubran.

En respuesta a preguntas de MIT Technology Review, la FDA se mostró de acuerdo en que sus reglas «tuvieron en cuenta la tecnología de aquel momento». Pero la agencia afirma que se reserva el derecho a regular la edición genómica también. «Estamos analizando cuidadosamente el enfoque regulador apropiado para los productos creados usando esta tecnología, pero aún no hemos tomado ninguna decisión al respecto», afirma Theresa Eisenman, portavoz de la agencia.

Fahrenkrug explica que para hacer vacas lecheras sin cuernos estudió la secuencia genética que hace que la variedad de vacas Angus, que se crían por su carne, no tenga cuernos. Siguiendo la receta sin cuernos de la naturaleza, usó un método de edición genómica llamado TALENs en su laboratorio para introducirlo en células de piel de una vaca Holstein con cuernos. En total borró 10 letras de ADN y las sustituyó por 212 distintas. Algunas de esas células se convirtieron en embriones mediante clonación y se usaron para inseminar a varias vacas. Fahrenkrug espera que el primero de varios terneros sin cuernos nazca en las próximas semanas. No quiso revelar dónde están las madres, citando el riesgo de sabotaje por activistas en favor de los derechos de los animales o activistas en contra de la modificación genética.

Muertos de Miedo

Cualquier modificación de la genética de los alimentos podría enfrentarse a una importante oposición, pero Fahrenkrug espera que la imagen de una vacas sin cuernos sirva para que la gente vea las cosas como él. Los activistas en favor de los derechos de los animales odian la modificación genética. Pero odian aún más la práctica de quemar los cuernos. Los granjeros sólo lo hacen porque tienen que hacerlo. El inversor en Recombinetics Douglas Keeth, explica que su bisabuela murió por una cornada de una vaca lechera. «De joven, trabajando en la granja, quitábamos los cuernos a las vacas con medios mecánicos. Después de 100 cabestros es una sangría», afirma. «No es algo que querrías que se viera en la tele».

Aunque no todas las vacas tienen cuernos, la mayoría de las Holstein sí que los tienen. Según la Asociación Holstein de EEUU, los 30 toros Holstein más valorados de EEUU tienen cuernos. El semen de estos toros campeones, cuyo valor está en que dan lugar a descendencia que produce cantidades titánicas de leche, se congela y se envía por todo el mundo. Tras más de un siglo de crianza selectiva, una vaca lechera media en Estados Unidos produce 10.500 litros de leche al año (frente a los 2.300 litros que produce una vaca normal).

Con estos récords de producción de leche, cualquier esfuerzo por introducir otros rasgos útiles mediante el cruce de animales supone un desafío. Cruzar un a vaca lechera de récord con un animal menor diluye su pedigrí, según Lightner, cuya empresa distribuyó semen de toro congelado por valor de 177 millones de dólares el año pasado (unos 130 millones de euros). Pueden hacer falta varias generaciones de cruces para volver a conseguir un auténtico campeón en la producción de leche.

En comparación, la edición genética es rápida y precisa. El año pasado, en colaboración con el Instituto Roslin y la Universidad A&M de Texas (EEUU), Fahrenkrug creó fácilmente vacas Lenore brasileñas con mayor masa muscular . Lo hizo añadiendo a embriones de Lenore una mutación que potencia el crecimiento de los músculos. Esta mutación se da de forma natural en razas como las Belgas Azules, aunque nunca se había observado en las Lenore, que son más delgaduchas y toleran mejor el calor. La edición consistió en eliminar 11 letras de ADN de un único gen, cortando así la producción de una proteína reguladora de los músculos llamada miostatina. Lightner afirma que estos hitos son el motivo por el que Genus ha empezado a financiar la investigación en edición genómica. «No nos hemos decidido a hacer ingeniería genética sobre los animales», afirma. «Pero estos nuevos enfoques que nos permiten trasladar rasgos podrían resultar revolucionarios».

Las ideas de Fahrenkrug también han llamado la atención de los ganaderos con cabañas lecheras. La tecnología «es muy guay», según el director de I+D de la Asociación Holstein de EEUU, Tom Lawlor. Pero sostiene que los productores de leche tienen miedo de la ingeniería genética. «Es indudable que la tecnología parece prometedora y que funciona, pero entraríamos en ella más poco a poco, por temor a que el consumidor se haga una idea equivocada», afirma. «Estamos muertos de miedo, porque nuestro producto es la leche, algo sano».

Y ahora la cría tradicional también es mucho más precisa gracias a las pruebas de ADN. Para julio de este año, una coalición internacional que se autodenomina «El Proyecto del Genoma de los 1.000 toros » había descodificado el ADN de 234 toros de razas lecheras, entre ellos Fleckviehs suizas, Holsteins y Jerseys. Ahora los criadores pueden valorar con precisión los genes de un animal al nacer. Como consecuencia de estos ya hay unos cuantos toros sin cuernos entre los mejores ejemplares. Algo que deja a Lawlor con la incertidumbre de si realmente existe necesidad de la edición genómica.

Ganado Patentado

En enero, Fahrenkrug solicitó una patente por cualquier animal cuyos genes se editen para quitarle los cuernos. La amenaza que representa el ganado patentado ha alarmado a algunos granjeros que ya están preocupados por el tema de las patentes de simientes. «Podrían coger semen de mi toro, editarlo, patentarlo y joder completamente al ganadero», afirma el criador de ganado sin cuernos de Ontario Roy MacGregor. «No se les debería permitir hacerlo».

Los activistas en contra de la modificación genética tampoco tendrán que ir muy lejos para encontrar razones para criticar la edición genómica. Hay objetivos fáciles, como una estrategia concebida por Fahrenkrug para impedir que el ganado llegue a la madurez sexual, algo que serviría para acelerar el proceso de engorde. También serviría para que las empresas de edición genética pudieran seguir vendiendo animales sin el riesgo de que existiera una «cría sin controlar de los animales por parte de los compradores», como describe otra de las solicitudes de patente de Recombinetics .

Es posible, probable incluso, que la combinación de legisladores cautelosos, activistas y desafíos comerciales haga que los productos derivados de animales cuyos genes han sido editados tarden aún muchos años en llegar al supermercado. Puede que no lleguen nunca. Pero lo que no se frena son los avances en la tecnología de edición de genes. «La gente me dice: Te das cuenta de que esto lo cambia todo, ¿verdad? Porque lo cambia», afirma Fahrenkrug. «El genoma es información. Y esto es tecnología de la información. Hemos pasado de poder leer el genoma a poder escribirlo».

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En Chile investigación busca desarrollar herramienta para enfrentar la mastitis bovina

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La mastitis bovina es una de las principales enfermedades que afectan al ganado lechero y puede generar importantes consecuencias para la producción, la calidad de la leche y la salud de los animales. En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82 por ciento de las vacas lecheras del país, esta problemática adquiere especial relevancia para una de las principales actividades productivas del territorio.

Oriunda de Llanquihue, Macarena Núñez Campos, llegó a Valdivia en 2019 para estudiar Bioquímica en la Universidad Austral de Chile (UACh), pero su interés por la ciencia comenzó mucho antes. “De niña me gustaban mucho las clases de ciencias naturales y, a medida que fui creciendo, mis ramos favoritos pasaron a ser biología y química”, recuerda. También guarda especial recuerdo de sus experiencias en el laboratorio de su colegio y de su participación en ferias científicas, espacios que despertaron tempranamente su curiosidad y fueron fundamentales para descubrir que quería dedicar su vida profesional a la ciencia.

Hoy, esa vocación se refleja en una investigación que busca aportar una nueva herramienta para la detección de los microorganismos responsables de la mastitis bovina.

La reciente graduada del Magíster en Ciencias mención Microbiología de la Facultad de Ciencias de la UACh, desarrolló su investigación en vinculación con Laboratorios y Servicios Veterinarios Valdivia Limitada (Lavet), enfocándose en el desarrollo y evaluación de un método diagnóstico basado en una técnica molecular denominada LAMP (Loop-mediated isothermal amplification. El objetivo fue detectar de manera rápida y específica cinco patógenos asociados a la mastitis bovina: Staphylococcus aureus, Streptococcus uberis, Escherichia coli, Mycoplasma bovis y Prototheca bovis. Los dos últimos son considerados agentes emergentes de especial interés debido a las dificultades que pueden presentar para su diagnóstico y control.

“Mi tesis consistió en desarrollar y evaluar un nuevo método diagnóstico para la detección rápida y específica de cinco patógenos causantes de mastitis bovina. El método se basó en una técnica molecular denominada LAMP, que permite amplificar y detectar material genético de los microorganismos de manera rápida y sin requerir necesariamente el equipamiento sofisticado que utilizan otras técnicas moleculares convencionales”, explica Macarena.

Un desafío para la producción lechera regional

La mastitis es una enfermedad que afecta directamente la productividad de los rebaños. Puede disminuir la producción y calidad de la leche, aumentar los costos asociados al tratamiento y en casos más severos, comprometer la salud y la futura productividad del animal. Contar con herramientas que permitan identificar oportunamente el microorganismo responsable de una infección puede contribuir a mejorar las decisiones sanitarias y avanzar hacia tratamientos más específicos.

“En Chile, esta problemática cobra especial relevancia en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82% de las vacas lecheras del país. Por lo tanto, cualquier enfermedad que afecte la sanidad de los rebaños en esta zona puede tener un impacto no solo en los productores, sino también en toda la cadena productiva láctea”, añade Macarena.

La investigadora destaca que el desarrollo de métodos diagnósticos más rápidos y accesibles podría ser especialmente relevante para la realidad productiva regional, al permitir identificar con mayor oportunidad qué microorganismo está provocando una infección y apoyar decisiones de manejo y tratamiento. Uno de los aspectos centrales de esta experiencia ha sido precisamente la vinculación entre la investigación desarrollada desde la universidad y las necesidades del sector productivo.

Para Macarena Núñez, esta relación resulta fundamental para que el conocimiento científico pueda trascender el ámbito académico y convertirse en soluciones concretas: “Creo que es fundamental vincularse con el sector productivo porque permite que los resultados de las investigaciones no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que puedan transformarse en soluciones concretas para problemáticas reales”.

A su juicio, esta colaboración permite complementar las capacidades de ambos sectores: mientras la academia aporta conocimiento y una base científica sólida, la industria contribuye a identificar necesidades concretas y espacios donde ese conocimiento puede tener una aplicación.

Una beca para continuar formando capital humano

El vínculo de Macarena con el laboratorio se inició en 2023, durante su formación de pregrado en Bioquímica. Desde entonces, tuvo la oportunidad de integrarse al Laboratorio de Mastitis Bovina, experiencia que posteriormente dio paso al desarrollo de su tesis de magíster. Durante este proceso fue guiada por el Dr. Armin Mella y el Dr. Diego Carrillo, quienes la acompañaron en el desarrollo de la investigación.

La investigación fue desarrollada con el apoyo del programa Piloto de Becas de Postgrado impulsado por el Gobierno Regional de Los Ríos y la Universidad Austral de Chile, financiamiento que para Macarena fue fundamental para completar su formación de magíster. “La beca FIC fue de gran ayuda para mí, ya que me entregó los recursos y herramientas necesarios para poder finalizar mi tesis y continuar con mi formación de manera adecuada. El apoyo permitió financiar aspectos no solo asociados a mi investigación, sino que también a gastos relacionados con mi permanencia en Valdivia y en el programa de magíster”.

Actualmente, Macarena se encuentra trabajando en Puerto Varas, en Aqua BC, empresa vinculada a la biotecnología y a la prestación de servicios para el sector acuícola. Si bien su trabajo actual no está directamente relacionado con la mastitis bovina, reconoce que la experiencia desarrollada durante el proyecto FIC amplió su perspectiva sobre las posibilidades profesionales que existen para quienes se forman en ciencias. “Me hizo comprender que nuestro desarrollo profesional no necesariamente tiene que estar ligado exclusivamente a la academia o la investigación, sino que también podemos incorporarnos directamente a la industria”, afirma.

Para Macarena, esta experiencia demuestra el valor de conectar las capacidades científicas que se desarrollan en las universidades con las necesidades concretas de los territorios y sus sectores productivos. “Considero que esta conexión entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria es fundamental para que la investigación pueda tener un impacto concreto en la sociedad y en los distintos sectores productivos”, concluye.

La profesional termina esta entrevista agradeciendo especialmente a la Dra. Leyla Cárdenas, directora del proyecto FIC, a Francisca Sepúlveda y Pedro Matus, encargados de su seguimiento.

Proyecto financiado por el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Los Ríos y aprobado por el Consejo Regional.

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Estudio detecta anticuerpos contra la paratuberculosis bovina en terneros neonatos

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Un estudio del Royal Veterinary College demuestra que los anticuerpos contra Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis pueden identificarse en la sangre de los terneros tras la ingesta de calostro. El hallazgo abre una nueva vía para estudiar la exposición temprana a la enfermedad de Johne y fortalecer las estrategias de vigilancia y control en los rodeos.

Una investigación realizada por científicos del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los terneros recién nacidos pueden presentar anticuerpos contra la enfermedad de Johne en su sangre luego de consumir el calostro materno. El descubrimiento podría aportar una nueva herramienta para determinar en qué momento los animales se exponen por primera vez al agente causal de esta enfermedad, favoreciendo el desarrollo de estrategias más eficaces de prevención y control.

La enfermedad de Johne, también conocida como paratuberculosis bovina, es una enfermedad infecciosa, crónica e incurable causada por Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP). La infección suele producirse durante las primeras semanas o meses de vida, aunque los signos clínicos generalmente aparecen años más tarde.

En los animales afectados, la bacteria provoca un deterioro progresivo de la mucosa del intestino delgado, generando inflamación crónica, pérdida de peso, disminución de la producción de leche, diarrea persistente y, en los casos más graves, la muerte. Además de comprometer el bienestar animal, representa un importante problema económico para la producción lechera a nivel mundial.

Hasta el momento, los programas de vigilancia se enfocan principalmente en detectar la enfermedad en bovinos adultos, mientras que existe escasa información sobre lo que ocurre durante las primeras etapas de vida.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición temprana

Con el objetivo de profundizar el conocimiento sobre la infección en los primeros días de vida, investigadores del RVC analizaron muestras de sangre de 38 terneros recién nacidos y sus respectivas madres provenientes de un establecimiento lechero comercial del suroeste de Inglaterra.

Las muestras habían sido obtenidas originalmente como parte de los controles rutinarios destinados a verificar la correcta absorción de anticuerpos provenientes del calostro. Posteriormente, los científicos aprovecharon los sueros residuales para medir anticuerpos específicos contra MAP y evaluar su relación con el estado sanitario de las madres y con la eficiencia de la transferencia de inmunidad pasiva.

Los resultados mostraron que los terneros nacidos de vacas con anticuerpos frente a MAP presentaban concentraciones significativamente más altas de esos mismos anticuerpos que aquellos cuyas madres no evidenciaban seropositividad. Asimismo, la relación entre los niveles de anticuerpos detectados y la absorción del calostro fue diferente según el estado sanitario de la madre.

En conjunto, los hallazgos respaldan la hipótesis de que los anticuerpos específicos contra MAP son transferidos desde la vaca al ternero a través del calostro.

Potencial para mejorar la vigilancia sanitaria

Los investigadores aclaran que la detección de estos anticuerpos no constituye una prueba diagnóstica de infección en terneros recién nacidos, ya que refleja la inmunidad pasiva transferida por la madre y no necesariamente la presencia de la bacteria en el animal.

Sin embargo, consideran que esta información podría incorporarse como una herramienta complementaria dentro de los programas de vigilancia de rodeos y de evaluación del riesgo sanitario, contribuyendo a comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad durante las primeras etapas de vida.

De confirmarse los resultados de esta investigación en estudios con un mayor número de animales, este enfoque podría aportar información valiosa para optimizar las estrategias de control de la enfermedad de Johne, mejorar el bienestar animal y reducir las pérdidas productivas asociadas a esta importante enfermedad de los bovinos.

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Un enfermedad de los rumiantes es descubierta en el material de manuscritos antiguos

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Los manuscritos se confeccionaban con pergaminos fabricados con pieles de ovejas, cabras o vacas. Una nueva investigación ha empleado la genética para reconstruir 3 500 años de historia de la viruela ovina, una enfermedad que ha afectado a los rebaños durante siglos.

Algunos de los manuscritos más conocidos de Europa, entre ellos los Evangelios de York, se han convertido en auténticas ‘cápsulas del tiempo’ que permiten reconstruir 3 500 años de historia del virus de la viruela ovina.

Mediante el análisis genético de las pieles utilizadas para fabricar sus pergaminos, un equipo internacional dirigido por el University College de Dublín ha aportado nuevas evidencias sobre cómo esta enfermedad afectó a los rebaños europeos mucho antes de la era moderna.

Un virus antiguo

La viruela ovina es una enfermedad muy contagiosa que se propaga rápido y puede infectar a gran parte de un rebaño en poco tiempo. Es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes, y reduce de forma drástica la producción al mermar la obtención de lana, carne y leche.

La enfermedad de la viruela ovina es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes

“El estudio del ADN de los patógenos ha cambiado por completo nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas del pasado, y aquí hemos demostrado que los pergaminos también pueden conservar ADN de patógenos”, afirma el autor principal del estudio e investigador de la universidad irlandesa, Louis L’Hôte. “Puede que los archivos y bibliotecas de todo el mundo también contengan rastros genéticos de brotes víricos ocurridos en animales de pasto de la antigüedad”.

“En concreto, estos genomas nos ayudan a comprender cómo evolucionaron estas infecciones y cómo afectaron a las sociedades del pasado, como es el caso del virus de la viruela ovina, del que demostramos que lleva mermando los rebaños de ovejas de Eurasia desde hace al menos tres milenios y medio”.

Cápsulas del tiempo

En el trabajo, publicado en Science Advances, los investigadores identificaron rastros génicos de la infección en manuscritos medievales, entre ellos varios de gran importancia histórica.

En especial, analizaron los Evangelios de York, de unos mil años de antigüedad y una de las mejores piezas conservadas del primer periodo anglosajón. También estudiaron textos más antiguos, como el Corpus Glossary del Corpus Christi College de Cambridge uno de los primeros diccionarios ingleses, además de otros códices procedentes de Gran Bretaña y Europa continental del mismo periodo.

Los expertos detectaron el virus en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, en muchos de ellos descubrieron que algunas páginas contenían ADN del virus, lo que les indicó que en su elaboración se utilizaron animales infectados.

Dado que el pergamino se fabricaba a partir de pieles de ganado, como ovejas, cabras y vacas, los investigadores lo consideran una especie de ‘bioarchivo’ que conserva el estado de salud del animal en el momento de su muerte hace siglos.

Asimismo, los expertos detectaron el virus de la viruela ovina en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, lo que indica que se dieron casos excepcionales de infecciones entre especies o que se produjo cierta contaminación durante el proceso de fabricación de los pergaminos.

Un virus que persiste

Al combinar el estudio de los manuscritos con muestras aún más antiguas de dientes de oveja de la Edad del Bronce, el estudio reveló que la viruela ovina había amenazado al ganado durante más de 3 700 años.

Los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. El equipo identificó las primeras detecciones conocidas del virus de la viruela ovina a partir de registros dentales recuperados en antiguos asentamientos pastorales de la estepa euroasiática, ya que, diferencia de otros restos, los dientes conservan el material genético de las infecciones durante miles de años.

Al comparar estas secuencias con las modernas, los investigadores estiman que los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. Esta cronología coincide con el auge de la domesticación de animales y el gran traslado de ovejas desde la estepa hacia Europa.

“La gente de todo el mundo sigue luchando contra este patógeno”, cuenta L’Hôte. “Los genomas antiguos pueden ayudarnos a comprender cómo evolucionaron los patógenos que nos afectan en la actualidad”, concluye.

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