Desarrollan dos nuevos protocolos para evaluar el bienestar animal en bovinos

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Se aplican a la recría y al engorde semi-intensivo y extensivo de bovinos, los cuales consisten de 36 y 34 mediciones, respectivamente, permiten diagnosticar las condiciones de alimentación, salud, alojamiento y comportamiento, e identificar oportunidades de mejora en los establecimientos ganaderos. 

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina desarrolló dos nuevos protocolos para evaluar el bienestar animal en bovinos, uno destinado a la etapa de recría y otro a la terminación semi-intensiva y extensiva, con mediciones adaptadas a las condiciones de los sistemas productivos argentinos. Las herramientas amplían el alcance de Bienest.AR, el protocolo que el organismo había desarrollado junto con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) para bovinos de engorde a corral.

“Lo que buscamos fue desarrollar herramientas que permitan evaluar el bienestar animal en nuestros sistemas productivos, con indicadores que sean válidos, confiables y prácticos, y que puedan aplicarse en las condiciones reales de los establecimientos argentinos”, explicó Leandro Langman, coordinador del proyecto de bienestar animal INTA-IPCVA y director del grupo de trabajo que desarrolló el protocolo.

La evaluación contempla cuatro principios: buena alimentación, alojamiento y sectores de manejo apropiados, buena salud y comportamiento apropiado. Para el protocolo de terminación semi-intensiva y extensiva se definieron 34 mediciones: 5 corresponden al principio “buena alimentación”, 9 al principio “alojamiento y sectores de manejo apropiados”, 12 al principio “buena salud” y 8 al principio “comportamiento apropiado”.

Por su parte, el protocolo destinado a la evaluación de bienestar animal en recría contempla 36 mediciones, de las cuales 6 corresponden al principio “buena alimentación”, 10 al principio “alojamiento y sectores de manejo apropiados”, 12 al principio “buena salud” y 8 al principio “comportamiento apropiado”.

Entre las mediciones incorporadas o adaptadas a estos sistemas se encuentran la distancia, disponibilidad, limpieza y calidad del agua de bebida; el estado de los corrales, potreros o parcelas; la higiene de los animales; la presencia de insectos y parásitos externos; y la disponibilidad de recursos para reducir el estrés por calor o frío. También se evalúan las condiciones de las zonas de carga y descarga, la capacidad de los corrales de trabajo, las lesiones, los signos asociados a enfermedades y las interacciones entre los animales y las personas, entre otras.

El comportamiento tiene un lugar específico dentro de la evaluación. Además de registrar conductas sociales y posibles situaciones de manejo abusivo, el protocolo incorpora un análisis cualitativo que permite valorar el estado emocional de los bovinos a partir de su comportamiento, postura y contexto. También considera la complejidad del ambiente dentro del espacio en el que se alojan y el acceso a pasturas o forraje.

“A diferencia de la herramienta de 2021, concebida para el engorde a corral, el nuevo desarrollo contempla las particularidades de los sistemas semi-intensivos y extensivos, así como las asociadas a indicadores relevantes en la etapa de recría. No se trata de trasladar sin modificaciones una metodología existente, sino de seleccionar y ajustar las mediciones para que resulten aplicables a cada modalidad y etapa productiva”, especificó Langman.

Para definir los indicadores, el equipo identificó 277 métodos candidatos y avanzó en un proceso de selección, entrenamiento de evaluadores y análisis de confiabilidad. La practicidad se puso a prueba en 12 evaluaciones a campo, realizadas en establecimientos de recría y de terminación semi-intensiva y extensiva. Con esa información, se ajustaron los protocolos y sus planillas de registro.

“Estas herramientas permiten conocer de manera objetiva la situación de cada establecimiento, identificar sus fortalezas y los aspectos que necesitan mejoras, y a partir de ese diagnóstico definir acciones específicas”, señaló Langman.

Adicionalmente, las herramientas cuentan con diversos anexos: encuesta previa a la evaluación mediante el protocolo, descripción de los sistemas productivos a evaluar, chequeo de la serie histórica y estimación de datos meteorológicos de un establecimiento para la consideración de las mediciones “provisión de recursos para reducir estrés por calor” y “provisión de recursos para mitigar estrés por frío” y planillas de evaluación a emplear en el establecimiento, sumado a las secciones introductorias que facilitan la aplicación de estas herramientas para evaluadores que hayan atravesado un entrenamiento previo en el uso de los protocolos.

El resultado es una herramienta de evaluación integral que puede incorporarse a la gestión de los establecimientos como punto de partida para obtener un diagnóstico objetivo de la situación en la que se encuentra el establecimiento, diseñar planes de mejora y realizar seguimientos periódicos. Según Langman, también puede contribuir a diferenciar procesos y productos dentro de la cadena de la carne bovina y, a futuro, servir como base para avanzar hacia un proceso de certificación de bienestar animal.

El trabajo se realizó en el marco de un proyecto de vinculación tecnológica entre el INTA y el IPCVA y tomó como referencia los protocolos europeos Welfare Quality® (2009) y AWIN® (2015), además de la experiencia de Bienest.AR (2021).

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