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Centroamérica, es una Región Sexy para la Industria Láctea

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Entre 2006 y 2015, las exportaciones de productos lácteos desde Centroamérica aumentaron de US$137.3 millones a US$409.0 millones, cifra que representa un crecimiento del 13%, sin embargo, las importaciones también crecieron de US$319.8 millones a US$612.3 millones, de acuerdo al documento titulado “Análisis del mercado centroamericano de lácteos y sus derivados”, publicado por el Centro de Estudios para la Integración Económica de SIECA.

El documento hecho público recientemente, bajo el título Policy Brief No. 20, agrega que el volumen del comercio de lácteos en la región centroamericana en el 2015 fue de 245.5 millones de toneladas métricas en exportaciones, mientras se importaron 265.3 millones de toneladas métricas de productos lácteos.

El principal destino de las exportaciones centromericanas, agrega el documento oficial de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), es el propio mercado intrarregional con una participación del 78,3% en el total exportado, y como mercados consumidores destacan El Salvador (34%) y Guatemala (21,6%).

Sin embargo, también hay mercados extrarregionales de los productos lácteos regionales, entre ellos Estados Unidos, República Dominicana y de forma descendente, Venezuela. En lo que respecta al mercado exportador, el 40% de las exportaciones corresponde a la partida de quesos y requesón (0406), con un valor total de US$164.9 millones.

Región con vocación y gran potencial

En un reportaje amplio publicado en la edición 202 de E&N, se destaca que Centroamérica se ha vuelto una región muy atractiva para la industria láctea regional y extrarregional, ya que a pesar de que la producción lechera ha venido creciendo a una tasa superior a la media mundial, los niveles de consumo siguen estando muy por debajo al promedio de 182 litros de leche equivalentes por habitante por año, recomendado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Ariel Londinsky, ex presidente de la Federación Panamericana de Lechería (Fepale), refiere que sólo Costa Rica, con un consumo promedio de 190 litros de leche por persona, supera la tasa recomendada por la FAO. El resto de naciones centromericanas –al año 2015- registran un déficit notorio, ya que en Guatemala corresponde a 63 litros per cápita, Nicaragua 85, Panamá 95 y Honduras 120 litros per cápita. No hay datos de El Salvador, sin embargo a 2014, la FAO estimaba que se consumía en ese país un promedio de 114 litros por persona.

Además del mercado insatisfecho y del potencial en la demanda, Deyanira Barrera y Gilberto Real, expertos de la FAO para Chile y para la Subregión Mesoamérica, respectivamente, destacaron que la cadena láctea de los países de Mesoamérica ha mostrado en los últimos años un interesante grado de dinamismo.

“Por el lado de la producción primaria, en los países de Mesoamérica, la producción aumentó en el período 2004-2013 de 3.000 millones de litros a 3.700 millones de litros, a una tasa acumulada del 2,5% anual (superior a la media mundial del periodo), con un rango que va desde el 0,8% anual para Honduras hasta el 4,0% anual para Costa Rica”, señalaron los expertos de FAO vía electrónica.

Para el año 2014, de acuerdo a sus estimaciones, Centroamérica –incluyendo Panamá- produjeron alrededor de 3.793 millones de litros anuales, siendo Costa Rica el principal productor con un 25% del total y el menor Panamá, con apenas el 5% del total de leche producida.

Los expertos de FAO destacaron la vocación agropecuaria en Centroamérica, región con un área total de 49 millones de hectáreas para uso agrícola y ganadero, de las cuales 10 millones se encuentran en pastos. Eso implicaría que aproximadamente el 20% del suelo que posee la región está destinado a actividades relacionadas con la ganadería.

De ese total, El Salvador (31%) es el país con mayor porcentaje de su territorio destinado a pastos, seguido por Costa Rica (26%), Nicaragua (25%), Panamá (21%), Guatemala (18%) y Honduras (16%), de acuerdo a las cifras de FAO.

Por otra parte, tanto Barrera como Real, destacaron que otro elemento atractivo es el comportamiento del comercio exterior, ya que segúns sus cifras ha sido incluso más dinámico que el de la producción.

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“En el período 2004-2011, se aprecia que el volumen de comercio creció a una tasa anual del 5%, producto de exportaciones que crecieron al 10% anual y de importaciones que crecieron al 2,5% anual. La exportación de productos lácteos sólo tiene significación en Costa Rica y en Nicaragua, mientras que la importación es más importante (como proporción de la disponibilidad interna) en El Salvador, Guatemala y Panamá”, apuntaron.

En 2012 registran que se exportaron 166.590 toneladas de leche, mientras en 2015 aumentó a 226.171 toneladas de leche en la región. Por otra parte, las importaciones también se elevaron de 196.018 toneladas a 245.730 toneladas de leche.

Sumando todos estos factores positivos, Ariel Londinsky, de la Fepale, valoró que Centroamérica se ha vuelto una región muy atractiva para la industria láctea regional y mundial, ya que además la población mundial estima que crece en 70 millones de personas cada año y eso representa un aumento de consumo per cápita de 110 litros por año.

“La tendencia es que el mundo consume cada vez más lácteos y América Latina está en una situación inmejorable, nuestra región tiene algunos elementos aún muy favorables frente a otras regiones. Agua, tierras disponibles, baja emisiones de CO2, una variedad de razas autónomas, centros de investigación propios, pasturas e idiosincracia”, reflexionó Londinsky.

“A futuro, América Latina tiene una gran oportunidad, proveyendo de leche al mundo, así que a Centroamérica posiblemente no llegue sólo LALA, sino otros que ven el potencial de Centroamérica. Nueva Zelanda, por ejemplo, el mayor productor ha salido a buscar dónde producir porque ya no tiene dónde, así que ha comprado en Chile, Brasil y Uruguay”, concluyó Londinsky.

Dos Pinos en expansión

En Costa Rica, un mercado lácteo maduro, con un consumo per cápita de 200 litros de leche por año, uno de los mayores de Latinoamérica, la empresa Dos Pinos optó por desarrollar y profundizar una estrategia de exportación que incluye los mercados naturales de Centroamérica y el Caribe, además de Estados Unidos, San Andrés (Colombia), China y Rusia, entre otros.

“Dos Pinos exporta entre el 25% y 30% de su producción, en su conjunto los negocios internacionales de la Cooperativa representan una cifra cercana a los US$300 millones de dólares al año”, aseguró Gonzalo Chaves, gerente general de Dos Pinos, en el amplio reportaje publicado en la edición 202 de E&N.

Esta cooperativa –la empresa láctea más grande de Costa Rica- cuenta con 1.400 productores, cuyas fincas suman un total de 118.000 hectáreas. Acopia diariamente 1.5 millones de litros, 40% destinado a producir derivados lácteos (helados, quesos, yogurt, leches saborizadas).

Sus procesos de innovación y modernización, explicó Chaves, le permite contar con más 650 Sku’s (productos diferentes), entre ellos la línea reciente de bebidas no lácteas que contempla 80 productos y la cual motivó a la cooperativa a comprar en septiembre anterior la planta Bebidas Mixtas de Centroamérica (Bemix). Quieren fortalecer la participación de mercado en dicho segmento.

Chaves comentó que la tasa de lanzamiento ronda los 70 productos nuevos por año y ha innovado en los llamados productos funcionales a favor de la salud. En ese sentido, destacó que la empresa ostenta un liderazgo reconocido con sus distintas marcas y productos en el mercado costarricense, panameño y guatemalteco, y con una gran aceptación en otros mercados como República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Honduras y San Andrés.

“La Cooperativa de Productores de Leche Dos Pinos R.L. llegó en 2016 a sus 69 años con una visión renovada, agresiva y robusta, con un enfoque de empresa de alimentos con un alcance transnacional, y una clara expansión en mercados internacionales”, apuntó el Gerente general.

“Al visualizarse como una empresa de alimentos, Dos Pinos continuará elaborando productos en todas las categorías, y mantiene la posibilidad de incursionar en el futuro en nuevas líneas de negocios que sean complementarias a su giro central que es la producción de lácteos”, agregó Chaves.

Al respecto, Dos Pinos dio un paso firme a finales de 2016, al anunciar la compra de las marcas, operaciones y planta de chocolates, confites y dulces Gallito, marca emblemática en Costa Rica por una trayectoria de más de 100 años en el mercado regional. Con esta adquisición, inica un nuevo capítulo empresarial.

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Lacthosa, más de medio siglo en Honduras

En 2001, la empresa láctea líder en Honduras, Lacthosa, incursionó en el mercado estadounidense de la mano de los productos Sula, marca presente a lo largo de 56 años en el país centroamericano. Trabaja con más de 4.000 ganaderos asociados de todo el país, representando la compra y acopio de más de 120 millones de litros de leche anuales. El 20% se destina a la producción de derivados lácteos como crema, quesos y yogurt.

“Lacthosa exporta hacia Guatemala, El Salvador, República Dominicana y Estados Unidos. Las exportaciones hacia Estados Unidos iniciaron en el 2001 cuando Lacthosa se somete a la evaluación de la FDA (Food and Drug Administration), obteniendo la certificación de ese organismo, lo que demuestra su alto nivel de competitividad internacional. Envía crema pasteurizada para satisfacer con este producto nostalgico el paladar de más de un millón de hondureños en Estados Unidos”, indicó Elena Kafie, gerente de Mercadeo y Ventas de Lacthosa.

En Honduras, Lacthosa y su marca Sula es un referente del sector lácteo y del sector cítrico, que ha venido fortaleciendo la línea de suministros de materia prima con la creación de centros recolectores y enfriadores de leche. Invirtió en una moderna planta deshidratadora de leche, a la que catalogan como la más grande de Centroamérica. Opera cuatro plantas de producción, que abastecen a más de 8 millones de consumidores hondureños.

“Lacthosa cuenta con un portafolio de más de 250 productos en las categorías de lácteos, jugos, bebidas refrescantes, quesos, cremas y yogurt”, indicó Kafie, constituyéndose en la empresa líder del sector lácteo hondureño. Generan empleo a 3.000 colaboradores.

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El yogurt YES: la nave insignia de Lactolac

Otro insigne jugador regional es la salvadoreña Lactolac, fundada en 1984 y con presencia en toda Centroamérica a través de una amplia gama de productos, entre estos los yogurt YES y una variedad de quesos y de cremas. Su vicepresidenta, Vilma de Calderón, confirmó que entre 2011 y 2014 invirtieron un poco más de US$20 millones en modernización e infraestructura tanto en El Salvador como en Nicaragua, donde operan una planta.

Desde el año 2000, Lactolac exporta a Centroamérica y ha explorado mercados como Arabia Saudita con crema para fabricación de helados. En El Salvador, su participación de mercado corresponde al 80%.

Su Vicepresidenta comentó que Lactolac tiene 180 líneas de producción y mantiene un crecimiento anual sostenido del 15%. En su planta NILAC en Nicaragua, se produce la materia prima que llega a El Salvador para la fabricación de su marca Lactolac, que la componen quesos especializados, dips y cremas.

Sin embargo, su nave insignia es el yogurt YES en sus diversas presentaciones. “Con yogurt YES hemos ido más allá, y así como creamos la marca y el producto, éste también ha sido nuestra principal inspiración para extender nuestro diálogo con nuestros consumidores en El Salvador y el resto de los países de Centroamérica”, apuntó Vilma de Calderón.

Explicó que la marca la empezaron a construir bajo la dirección del Presidente Angel Calderón con mucha pasión a mediados de los años 80, cuando en el país centroamericano no existía la cultura del consumo y muy poco se sabía de los beneficios del yogurt.

“Yogurt YES además de permitirnos conquistar la región, es nuestro motor en el principal programa de responsabilidad social corporativa a través del Instituto de Nutrición YES, por el cual hemos beneficiado a mas de 100.000 centroamericanos con asesoría nutricional directa”, agregó.

Vilma de Calderón apuntó que en el año 2000 dieron el gran salto fuera de El Salvador, con la certeza de que la marca Yogurt YES estaba muy bien posicionada en el país, pero que tenían entre manos un producto que no solo podía llevar calidad a los salvadoreños, y que merecía ser compartido con los vecinos en la región. Ahí comenzó el proceso de regionalización y la visión de expandirse.

“Todo este esfuerzo nos permitió diversificar todavía más a Yogurt YES, y hemos logrado conquistar a Centroamérica principalmente haciendo un esfuerzo exportador, respondiendo a que cada día los consumidores se vuelven más sofisticados y demandantes de calidad con productos que son elaborados con leche grado A, obtenida de los hatos ganaderos mas tecnificados y modernos de Centroamérica y los ingredientes como frutas naturales y de la mejor calidad mundial”, concluyó Vilma de Calderón.

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En Chile investigación busca desarrollar herramienta para enfrentar la mastitis bovina

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La mastitis bovina es una de las principales enfermedades que afectan al ganado lechero y puede generar importantes consecuencias para la producción, la calidad de la leche y la salud de los animales. En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82 por ciento de las vacas lecheras del país, esta problemática adquiere especial relevancia para una de las principales actividades productivas del territorio.

Oriunda de Llanquihue, Macarena Núñez Campos, llegó a Valdivia en 2019 para estudiar Bioquímica en la Universidad Austral de Chile (UACh), pero su interés por la ciencia comenzó mucho antes. “De niña me gustaban mucho las clases de ciencias naturales y, a medida que fui creciendo, mis ramos favoritos pasaron a ser biología y química”, recuerda. También guarda especial recuerdo de sus experiencias en el laboratorio de su colegio y de su participación en ferias científicas, espacios que despertaron tempranamente su curiosidad y fueron fundamentales para descubrir que quería dedicar su vida profesional a la ciencia.

Hoy, esa vocación se refleja en una investigación que busca aportar una nueva herramienta para la detección de los microorganismos responsables de la mastitis bovina.

La reciente graduada del Magíster en Ciencias mención Microbiología de la Facultad de Ciencias de la UACh, desarrolló su investigación en vinculación con Laboratorios y Servicios Veterinarios Valdivia Limitada (Lavet), enfocándose en el desarrollo y evaluación de un método diagnóstico basado en una técnica molecular denominada LAMP (Loop-mediated isothermal amplification. El objetivo fue detectar de manera rápida y específica cinco patógenos asociados a la mastitis bovina: Staphylococcus aureus, Streptococcus uberis, Escherichia coli, Mycoplasma bovis y Prototheca bovis. Los dos últimos son considerados agentes emergentes de especial interés debido a las dificultades que pueden presentar para su diagnóstico y control.

“Mi tesis consistió en desarrollar y evaluar un nuevo método diagnóstico para la detección rápida y específica de cinco patógenos causantes de mastitis bovina. El método se basó en una técnica molecular denominada LAMP, que permite amplificar y detectar material genético de los microorganismos de manera rápida y sin requerir necesariamente el equipamiento sofisticado que utilizan otras técnicas moleculares convencionales”, explica Macarena.

Un desafío para la producción lechera regional

La mastitis es una enfermedad que afecta directamente la productividad de los rebaños. Puede disminuir la producción y calidad de la leche, aumentar los costos asociados al tratamiento y en casos más severos, comprometer la salud y la futura productividad del animal. Contar con herramientas que permitan identificar oportunamente el microorganismo responsable de una infección puede contribuir a mejorar las decisiones sanitarias y avanzar hacia tratamientos más específicos.

“En Chile, esta problemática cobra especial relevancia en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82% de las vacas lecheras del país. Por lo tanto, cualquier enfermedad que afecte la sanidad de los rebaños en esta zona puede tener un impacto no solo en los productores, sino también en toda la cadena productiva láctea”, añade Macarena.

La investigadora destaca que el desarrollo de métodos diagnósticos más rápidos y accesibles podría ser especialmente relevante para la realidad productiva regional, al permitir identificar con mayor oportunidad qué microorganismo está provocando una infección y apoyar decisiones de manejo y tratamiento. Uno de los aspectos centrales de esta experiencia ha sido precisamente la vinculación entre la investigación desarrollada desde la universidad y las necesidades del sector productivo.

Para Macarena Núñez, esta relación resulta fundamental para que el conocimiento científico pueda trascender el ámbito académico y convertirse en soluciones concretas: “Creo que es fundamental vincularse con el sector productivo porque permite que los resultados de las investigaciones no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que puedan transformarse en soluciones concretas para problemáticas reales”.

A su juicio, esta colaboración permite complementar las capacidades de ambos sectores: mientras la academia aporta conocimiento y una base científica sólida, la industria contribuye a identificar necesidades concretas y espacios donde ese conocimiento puede tener una aplicación.

Una beca para continuar formando capital humano

El vínculo de Macarena con el laboratorio se inició en 2023, durante su formación de pregrado en Bioquímica. Desde entonces, tuvo la oportunidad de integrarse al Laboratorio de Mastitis Bovina, experiencia que posteriormente dio paso al desarrollo de su tesis de magíster. Durante este proceso fue guiada por el Dr. Armin Mella y el Dr. Diego Carrillo, quienes la acompañaron en el desarrollo de la investigación.

La investigación fue desarrollada con el apoyo del programa Piloto de Becas de Postgrado impulsado por el Gobierno Regional de Los Ríos y la Universidad Austral de Chile, financiamiento que para Macarena fue fundamental para completar su formación de magíster. “La beca FIC fue de gran ayuda para mí, ya que me entregó los recursos y herramientas necesarios para poder finalizar mi tesis y continuar con mi formación de manera adecuada. El apoyo permitió financiar aspectos no solo asociados a mi investigación, sino que también a gastos relacionados con mi permanencia en Valdivia y en el programa de magíster”.

Actualmente, Macarena se encuentra trabajando en Puerto Varas, en Aqua BC, empresa vinculada a la biotecnología y a la prestación de servicios para el sector acuícola. Si bien su trabajo actual no está directamente relacionado con la mastitis bovina, reconoce que la experiencia desarrollada durante el proyecto FIC amplió su perspectiva sobre las posibilidades profesionales que existen para quienes se forman en ciencias. “Me hizo comprender que nuestro desarrollo profesional no necesariamente tiene que estar ligado exclusivamente a la academia o la investigación, sino que también podemos incorporarnos directamente a la industria”, afirma.

Para Macarena, esta experiencia demuestra el valor de conectar las capacidades científicas que se desarrollan en las universidades con las necesidades concretas de los territorios y sus sectores productivos. “Considero que esta conexión entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria es fundamental para que la investigación pueda tener un impacto concreto en la sociedad y en los distintos sectores productivos”, concluye.

La profesional termina esta entrevista agradeciendo especialmente a la Dra. Leyla Cárdenas, directora del proyecto FIC, a Francisca Sepúlveda y Pedro Matus, encargados de su seguimiento.

Proyecto financiado por el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Los Ríos y aprobado por el Consejo Regional.

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Estudio detecta anticuerpos contra la paratuberculosis bovina en terneros neonatos

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Un estudio del Royal Veterinary College demuestra que los anticuerpos contra Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis pueden identificarse en la sangre de los terneros tras la ingesta de calostro. El hallazgo abre una nueva vía para estudiar la exposición temprana a la enfermedad de Johne y fortalecer las estrategias de vigilancia y control en los rodeos.

Una investigación realizada por científicos del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los terneros recién nacidos pueden presentar anticuerpos contra la enfermedad de Johne en su sangre luego de consumir el calostro materno. El descubrimiento podría aportar una nueva herramienta para determinar en qué momento los animales se exponen por primera vez al agente causal de esta enfermedad, favoreciendo el desarrollo de estrategias más eficaces de prevención y control.

La enfermedad de Johne, también conocida como paratuberculosis bovina, es una enfermedad infecciosa, crónica e incurable causada por Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP). La infección suele producirse durante las primeras semanas o meses de vida, aunque los signos clínicos generalmente aparecen años más tarde.

En los animales afectados, la bacteria provoca un deterioro progresivo de la mucosa del intestino delgado, generando inflamación crónica, pérdida de peso, disminución de la producción de leche, diarrea persistente y, en los casos más graves, la muerte. Además de comprometer el bienestar animal, representa un importante problema económico para la producción lechera a nivel mundial.

Hasta el momento, los programas de vigilancia se enfocan principalmente en detectar la enfermedad en bovinos adultos, mientras que existe escasa información sobre lo que ocurre durante las primeras etapas de vida.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición temprana

Con el objetivo de profundizar el conocimiento sobre la infección en los primeros días de vida, investigadores del RVC analizaron muestras de sangre de 38 terneros recién nacidos y sus respectivas madres provenientes de un establecimiento lechero comercial del suroeste de Inglaterra.

Las muestras habían sido obtenidas originalmente como parte de los controles rutinarios destinados a verificar la correcta absorción de anticuerpos provenientes del calostro. Posteriormente, los científicos aprovecharon los sueros residuales para medir anticuerpos específicos contra MAP y evaluar su relación con el estado sanitario de las madres y con la eficiencia de la transferencia de inmunidad pasiva.

Los resultados mostraron que los terneros nacidos de vacas con anticuerpos frente a MAP presentaban concentraciones significativamente más altas de esos mismos anticuerpos que aquellos cuyas madres no evidenciaban seropositividad. Asimismo, la relación entre los niveles de anticuerpos detectados y la absorción del calostro fue diferente según el estado sanitario de la madre.

En conjunto, los hallazgos respaldan la hipótesis de que los anticuerpos específicos contra MAP son transferidos desde la vaca al ternero a través del calostro.

Potencial para mejorar la vigilancia sanitaria

Los investigadores aclaran que la detección de estos anticuerpos no constituye una prueba diagnóstica de infección en terneros recién nacidos, ya que refleja la inmunidad pasiva transferida por la madre y no necesariamente la presencia de la bacteria en el animal.

Sin embargo, consideran que esta información podría incorporarse como una herramienta complementaria dentro de los programas de vigilancia de rodeos y de evaluación del riesgo sanitario, contribuyendo a comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad durante las primeras etapas de vida.

De confirmarse los resultados de esta investigación en estudios con un mayor número de animales, este enfoque podría aportar información valiosa para optimizar las estrategias de control de la enfermedad de Johne, mejorar el bienestar animal y reducir las pérdidas productivas asociadas a esta importante enfermedad de los bovinos.

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Un enfermedad de los rumiantes es descubierta en el material de manuscritos antiguos

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Los manuscritos se confeccionaban con pergaminos fabricados con pieles de ovejas, cabras o vacas. Una nueva investigación ha empleado la genética para reconstruir 3 500 años de historia de la viruela ovina, una enfermedad que ha afectado a los rebaños durante siglos.

Algunos de los manuscritos más conocidos de Europa, entre ellos los Evangelios de York, se han convertido en auténticas ‘cápsulas del tiempo’ que permiten reconstruir 3 500 años de historia del virus de la viruela ovina.

Mediante el análisis genético de las pieles utilizadas para fabricar sus pergaminos, un equipo internacional dirigido por el University College de Dublín ha aportado nuevas evidencias sobre cómo esta enfermedad afectó a los rebaños europeos mucho antes de la era moderna.

Un virus antiguo

La viruela ovina es una enfermedad muy contagiosa que se propaga rápido y puede infectar a gran parte de un rebaño en poco tiempo. Es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes, y reduce de forma drástica la producción al mermar la obtención de lana, carne y leche.

La enfermedad de la viruela ovina es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes

“El estudio del ADN de los patógenos ha cambiado por completo nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas del pasado, y aquí hemos demostrado que los pergaminos también pueden conservar ADN de patógenos”, afirma el autor principal del estudio e investigador de la universidad irlandesa, Louis L’Hôte. “Puede que los archivos y bibliotecas de todo el mundo también contengan rastros genéticos de brotes víricos ocurridos en animales de pasto de la antigüedad”.

“En concreto, estos genomas nos ayudan a comprender cómo evolucionaron estas infecciones y cómo afectaron a las sociedades del pasado, como es el caso del virus de la viruela ovina, del que demostramos que lleva mermando los rebaños de ovejas de Eurasia desde hace al menos tres milenios y medio”.

Cápsulas del tiempo

En el trabajo, publicado en Science Advances, los investigadores identificaron rastros génicos de la infección en manuscritos medievales, entre ellos varios de gran importancia histórica.

En especial, analizaron los Evangelios de York, de unos mil años de antigüedad y una de las mejores piezas conservadas del primer periodo anglosajón. También estudiaron textos más antiguos, como el Corpus Glossary del Corpus Christi College de Cambridge uno de los primeros diccionarios ingleses, además de otros códices procedentes de Gran Bretaña y Europa continental del mismo periodo.

Los expertos detectaron el virus en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, en muchos de ellos descubrieron que algunas páginas contenían ADN del virus, lo que les indicó que en su elaboración se utilizaron animales infectados.

Dado que el pergamino se fabricaba a partir de pieles de ganado, como ovejas, cabras y vacas, los investigadores lo consideran una especie de ‘bioarchivo’ que conserva el estado de salud del animal en el momento de su muerte hace siglos.

Asimismo, los expertos detectaron el virus de la viruela ovina en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, lo que indica que se dieron casos excepcionales de infecciones entre especies o que se produjo cierta contaminación durante el proceso de fabricación de los pergaminos.

Un virus que persiste

Al combinar el estudio de los manuscritos con muestras aún más antiguas de dientes de oveja de la Edad del Bronce, el estudio reveló que la viruela ovina había amenazado al ganado durante más de 3 700 años.

Los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. El equipo identificó las primeras detecciones conocidas del virus de la viruela ovina a partir de registros dentales recuperados en antiguos asentamientos pastorales de la estepa euroasiática, ya que, diferencia de otros restos, los dientes conservan el material genético de las infecciones durante miles de años.

Al comparar estas secuencias con las modernas, los investigadores estiman que los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. Esta cronología coincide con el auge de la domesticación de animales y el gran traslado de ovejas desde la estepa hacia Europa.

“La gente de todo el mundo sigue luchando contra este patógeno”, cuenta L’Hôte. “Los genomas antiguos pueden ayudarnos a comprender cómo evolucionaron los patógenos que nos afectan en la actualidad”, concluye.

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