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Bacterias Antárticas poseen clave para Producir Leche Sin Lactosa a Bajo Costo

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Con el objetivo de proyectar al ámbito industrial los descubrimientos científicos obtenidos recientemente en investigaciones antárticas, el Instituto Antártico Chileno (INACH) presentó tres iniciativas al Programa de Investigación (I+D) Aplicada, de Corfo-Innova.

Dos proyectos se presentaron en la línea Perfil de I+D Aplicada, uno de éstos en conjunto con el investigador Jose Luis Palacios, de la Universidad de Santiago, relacionado con la producción de leche sin lactosa, de mejor calidad y con menor consumo de energía, usando bacterias antárticas.

“Esta es una innovación asociada a obtener una mayor competitividad en el mercado, porque lo que se está proponiendo es bajar los costos de producción y mejorar la calidad del producto”, detalló Marcelo González, biólogo del Laboratorio de Biorrecursos Antárticos, del INACH.

Normalmente se recurre a microorganismos que requieren ciertos rangos de temperatura (entre 30 y 37 ºC) para producir la enzima (lactasa) que actúa sobre la lactosa. La ventaja de las bacterias antárticas es que pueden hacer lo mismo a bajas temperaturas o a temperatura ambiente (15 a 20 ºC). Cabe recordar que la intolerancia a la lactosa afecta a la mayoría de la población adulta de Chile.

Un tercer proyecto fue presentado por el mismo González junto a la Universidad Católica de Valparaíso en la línea de I+D Aplicada (proyectos que proponen resolver un problema mediante investigación aplicada y desarrollo tecnológico).

“En nuestro caso, señala González, presentamos una propuesta asociada a péptidos antimicrobianos, que son proteínas de origen natural que encontramos en bacterias antárticas y que tienen la capacidad de eliminar bacterias patógenas presentes en alimentos (como la carne) y también presentes en hospitales y que son muy resistentes a los antibióticos.” Los microorganismos antárticos crecen en un ambiente único, no sólo por las condiciones de temperatura, salinidad, radiación, oscuridad invernal, etc., sino también porque su evolución ha sido singular, sin contacto con microorganismos de otras latitudes.

De esta manera, el INACH está ofreciendo, en alianza con otras universidades, no necesariamente la aplicación de estos microorganismos a distintos procesos productivos, sino la modificación de proteínas que producen estas bacterias y que ese producto sintético pueda ser aplicado por otros, por ejemplo, para mejorar la calidad y la conservación de carne producida en Magallanes, carne que es exportada a la Comunidad Europea y a Estados Unidos, mercados muy exigentes en estas materias.

“Nos dimos cuenta de que muchos proyectos del Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) tenían resultados que apuntaban a un impacto en actividades productivas o económicas”, comenta González, biólogo del INACH y especializado en Biología Molecular y Biotecnología. El Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) tiene desde hace tres años una línea de proyectos asociados a la explotación de biorrecursos antárticos.

“Ya superamos la etapa de sólo generar conocimiento; ahora a ese conocimiento le estamos dando una utilización –agrega Marcelo González–, por eso presentamos estos proyectos, que fueron tres sólo por una cuestión de tiempo, porque nos quedaron otras dos propuestas sin desarrollar.”

Fuente: Agencias

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Desarrollan una molécula que podría disminuir la carga de Escherichia coli en bovinos

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Investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) y el Instituto de Patobiología Veterinaria (IPVET) desarrollaron una molécula innovadora que podría ayudar a disminuir la presencia de Escherichia coli en el ganado y reducir el riesgo de contaminación de alimentos y agua. El avance apunta a prevenir casos de Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que afecta especialmente a niños.

Con aproximadamente 500 casos por año en la Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica en el país y la segunda de insuficiencia renal crónica. El principal agente causante es Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) con serotipo O157:H7, una bacteria cuyo principal reservorio son los bovinos. El ganado generalmente no se enferma, pero excreta la bacteria de forma intermitente a través de sus heces, contaminando pasturas, fuentes de agua y, eventualmente, algunos alimentos. Los terneros jóvenes y los animales en etapa de destete son los mayores excretores.

“El principal objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria para evitar que colonice el intestino de la vaca y que los bovinos dejen de contaminar el ambiente y alimentos”, explicó Mariano Larzábal, investigador del IABIMO (INTA-CONICET).

Después de más de una década de investigación, el equipo identificó dos proteínas clave del sistema de secreción de tipo III (SST3) de EHEC — denominadas EspB e Intimina como los blancos más eficaces para bloquear la colonización intestinal del ganado. Los experimentos iniciales, tanto in vitro como en animales demostraron que anticuerpos dirigidos contra estas proteínas eran capaces de neutralizar uno de los mecanismos de virulencia de la bacteria y reducir significativamente su excreción fecal.

La forma que aplicaron fue fusionar ambas proteínas en una única molécula artificial: Quimera. “La llamamos Quimera porque es la combinación de dos proteínas distintas en una sola molécula que, como tal, no existe en la naturaleza”, comentó Ángel Cataldi, investigador del IABIMO y uno de los impulsores del proyecto.

En ensayos preliminares de respuesta inmune se comprobó que la Quimera proteica es capaz de generar respuesta a nivel de anticuerpos en bovinos y que estos anticuerpos, además de reconocerla, también son capaces de reconocer a las proteínas originales por separado y mantienen la capacidad de disminuir la acción de EHEC O157:H7 en cultivos celulares.

Uno de los desafíos históricos de las vacunas anti-EHEC ha sido convencer al sector ganadero de su utilidad: el bovino no es usualmente afectado por esta bacteria, por lo que vacunar implica un costo sin beneficio directo visible para el productor.

Teniendo en cuenta estos planteos, se ha pensado una alternativa de vacuna que podría mejorar su receptividad y hacerla más económica que una constituida únicamente por subunidades recombinantes. Esto implicaría la expresión de la molécula quimérica en la membrana externa de una bacteria que ya forma parte de una formulación vacunal de interés pecuario, para que de ese modo quede disponible en el exterior del microorganismo y pueda ser detectada por el sistema inmune del animal y no genere un gasto extra para el productor.

El desarrollo ya superó las etapas de laboratorio y modelos animales pequeños. Se está trabajando en la fase de bacterias recombinantes que expresen la quimera. Los resultados preliminares son alentadores y se espera que en la siguiente etapa se pueda probar en animales a campo.

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