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La Necesidad de Preservar las Viejas Razas Bovinas

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Las razas suizas como la Rhaetian Grey (foto) son cada vez más escasas, pues los agricultores prefieren razas más modernas y más productivas.

Científicos suizos y granjeros trabajan contrarreloj para salvar las antiguas razas bovinas antes de que otras más productivas las suplanten. Tanto en Europa como en África, las especies de ganado tradicionales se adaptan mejor a las condiciones locales y a los desafíos medioambientales.

Durante la última década, las granjas lecheras suizas consiguieron producir más con menos cabezas de ganado. La explicación es simple: la Oficina Federal de Estadísticas cuenta de que cada vaca suiza produjo 4 kilogramos más de leche por día en 2013 que en el año 2000.

Este repunte se debe a la aplicación de una política de crianza selectiva que permite a los campesinos favorecer algunas características de su ganado. La estrategia no está exenta de inconvenientes: con el paso de los años, al enfocarse tanto en la productividad, se han ido perdiendo otros rasgos genéticos, como la capacidad natural que poseen las razas tradicionales para adaptarse a los cambios de sus entornos locales.

«Muchas razas suizas están en peligro de extinción simplemente porque no son tan productivas como las razas modernas,» dice Catherine Marguerat, de la Oficina Federal de Agricultura. “Las razas tradicionales son cada vez más valiosas para Suiza si se consideran los peligros que están por venir en materia medioambiental. Son razas robustas cuyos genes podrían enfrentar mucho mejor los desafíos que impone el cambio climático”, añade.

Un Problema Creciente

Los seres humanos llevan siglos domesticando animales, pero el concepto de ‘raza’ surgió hace solo 200 años, cuando los granjeros empezaron a seleccionar algunos de ellos en función de sus características físicas, y en el caso del ganado, porque eran más valiosos en términos de producción cárnica y lechera.

Stéphane Joost, investigador de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), considera que durante el siglo XX se extinguió el 16% de las razas ganaderas que existían en el siglo precedente y que hoy otro 15% puede correr el mismo riesgo debido a la crianza selectiva.

Joost es líder de un proyecto de investigación recientemente publicado por la Fundación Europea de Ciencia (ESF en inglés) de la EPFL. El trabajo titulado ‘Avances en las fuentes genómicas de los animales de granja’ afirma que mantener la diversidad genética de las razas ganaderas tradicionales es un problema que se presenta con mayor agudeza en los países en desarrollo que en las naciones desarrolladas, como Suiza.

Animados por la promesa de una productividad de corto plazo, muchos granjeros rurales optan por las razas “cosmopolitas” en vez de desarrollar y cuidar las locales. La investigación académica demuestra que las razas que llegan de otras latitudes mueren con más frecuencia, se adaptan mal al clima local y son más vulnerables a las enfermedades cuando están en un entorno que no es el propio.

Por ejemplo, parte del ganado de Burkina Faso hoy se ve amenazado por la tripanosomiasis, una infección parasitaria transmitida por la mosca tse-tsé, que provoca la muerte de un millón de animales cada año. Las vacas de raza nativa Baoule resisten mucho mejor esta enfermedad. Y la raza asiática Zebuine, también presente en el país africano, es bien apreciada porque el animal es más grande, su carne es de gran calidad y su capacidad lechera, mayor, pero su salud es más frágil.

Un equipo internacional de investigadores se dio a la tarea de estudiar la información genética de las dos razas (Baoule y Zabuine), así como los esfuerzos por cruzar ambos animales para conseguir vacas de alto rendimiento cárnico y lácteo, pero más tolerantes a la tripanosomiasis.

La FAO planea publicar los resultados de esta investigación en un libro impreso y uno digital, con objeto de ayudar a los campesinos de países en desarrollo.

Tradición Suiza

Joost afirma que los resultados de la investigación ESF con ganado africano también son aplicables al caso suizo.

“Con el calentamiento global, por ejemplo, Suiza y otros países alpinos enfrentarán condiciones mucho más severas que los países aledaños ubicados en tierras más bajas, debido a la topografía: Gran parte de nuestro ganado, ovejas y cabras, pasta en las montañas”, dice.

Y a medida que el clima se calienta, explica Joost, los pastos –que son el principal alimento de las vacas lecheras suizas– comenzarán a crecer más alto en las laderas de las montañas, cerca de las cimas. El acceso a la pastura será pues más difícil y las hierbas resultarán menos nutritivas.

Pero el ganado Evolène, de Val d’Hérens, en el cantón del Valais, parece no inmutarse ante el desafío alimentario que tiene frente a así. Este tipo de ganado suizo, que actualmente está en riesgo de extinción, posee una constitución robusta y un metabolismo ahorrativo que puede adaptarse fácilmente a la escasez de alimentos.

“Es una ventaja fundamental contar con una raza resistente, adaptable y capaz de enfrentar una posible reducción en la calidad de la pastura, sin que esto suponga una caída en los niveles de producción lechera”, dice Joost.

Nota => Verde claro: de origen suizo. Verde oscuro: parcialmente de origen suizo. Rojo: de origen extranjero

Recuperando la Evolène

La raza Evolène se ha recuperado lentamente durante los últimos años gracias a los esfuerzos de conservación realizados por organizaciones –no lucrativas- como ProSpecieRara y criadores independientes, como Adrienne Stettler, quien está a cargo de una pintoresca granja en Utzigen, cerca de Berna. Actualmente, Suiza cuenta con unas 450 vacas Evolène, de las cuales 20 pertenecen a Stettler, que cría para la comercialización de carne y leche.

VACAS RESISTENTES

Las antiguas razas bovinas se adaptan mejor al cambio climático. Un nuevo estudio asegura que las razas de ganado más antiguas podrían abastecer la futura demanda de carne y leche en Suiza, pese a los desafíos.

Economía Ecología

Stettler afirma que, a pesar de su tamaño relativamente pequeño, entre 1,15 y 1,30 metros, frente a los 1,47 metros promedio de una Holstein, la vaca Evolène es muy buena productora de leche, con una media de 5 000 litros al año, una producción generosa pero aún inferior a la de una Holstein, que en un buen año es capaz de producir el triple. Pero la Holstein también requiere mucho más alimento y es más propensa a las enfermedades.

Una Raza Óptima

Marguerat asegura que Suiza ha tenido progresos importantes durante la última década en la tarea de acrecentar las poblaciones de razas raras y en el fortalecimiento de los programas de conservación y sensibilización de la opinión pública, aunque aún hay trabajo por hacer.

«Tenemos que desarrollar planes de emergencia para las razas en peligro de extinción en el caso de brotes epidémicos, y construir bancos de genes para ovejas, conejos y gallinas. Además, debemos animar a más criadores a participar en los programas de conservación que realizamos”, dice.

Para Marguerat, lograr un equilibrio entre las características genéticas tradicionales y los rasgos modernos de productividad que buscan los ganaderos es la clave de los futuros programas de cría de ganado.

«Una raza óptima será aquella que sepa adaptarse bien a las condiciones locales suizas, pero que también alimentarse preponderantemente de hierba y producir carne y leche de alta calidad”, refiere.

Tanto Marguerat como Joost trabajan con la Oficina Federal de Agricultura y la EPFL en el proyecto GENMON, que busca crear a partir del año próximo una herramienta de monitoreo de los recursos zoogenéticos en Suiza.

«[GENMON] permitirá a las organizaciones de cría y al Gobierno evaluar la sostenibilidad de las actividades de cría de las razas suizas”, dice Marguerat. Otra parte clave del proyecto GENMON será obtener información sobre los escenarios de calentamiento global que –como advierten Joost y otros investigadores– “será una gran prueba para el sistema de producción mundial de alimentos”.

Razas Ganaderas Nativas

Según el servicio de monitoreo de la biodiversidad del Ministerio de Medioambiente, un puñado de razas ganaderas han prevalecido en Suiza desde finales del siglo XX.

Hoy, sin embargo, la pérdida de cada vez más razas tradicionales se ve agravada por la concentración que se observa de unos cuantos híbridos modernos de alto rendimiento.

La disminución de la diversidad genética significa que, a medida que las poblaciones de animales de granja se vuelven más endogámica y uniformes, también son más frágiles ante amenazas externas, como los parásitos o las enfermedades infecciosas.

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En Chile investigación busca desarrollar herramienta para enfrentar la mastitis bovina

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La mastitis bovina es una de las principales enfermedades que afectan al ganado lechero y puede generar importantes consecuencias para la producción, la calidad de la leche y la salud de los animales. En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82 por ciento de las vacas lecheras del país, esta problemática adquiere especial relevancia para una de las principales actividades productivas del territorio.

Oriunda de Llanquihue, Macarena Núñez Campos, llegó a Valdivia en 2019 para estudiar Bioquímica en la Universidad Austral de Chile (UACh), pero su interés por la ciencia comenzó mucho antes. “De niña me gustaban mucho las clases de ciencias naturales y, a medida que fui creciendo, mis ramos favoritos pasaron a ser biología y química”, recuerda. También guarda especial recuerdo de sus experiencias en el laboratorio de su colegio y de su participación en ferias científicas, espacios que despertaron tempranamente su curiosidad y fueron fundamentales para descubrir que quería dedicar su vida profesional a la ciencia.

Hoy, esa vocación se refleja en una investigación que busca aportar una nueva herramienta para la detección de los microorganismos responsables de la mastitis bovina.

La reciente graduada del Magíster en Ciencias mención Microbiología de la Facultad de Ciencias de la UACh, desarrolló su investigación en vinculación con Laboratorios y Servicios Veterinarios Valdivia Limitada (Lavet), enfocándose en el desarrollo y evaluación de un método diagnóstico basado en una técnica molecular denominada LAMP (Loop-mediated isothermal amplification. El objetivo fue detectar de manera rápida y específica cinco patógenos asociados a la mastitis bovina: Staphylococcus aureus, Streptococcus uberis, Escherichia coli, Mycoplasma bovis y Prototheca bovis. Los dos últimos son considerados agentes emergentes de especial interés debido a las dificultades que pueden presentar para su diagnóstico y control.

“Mi tesis consistió en desarrollar y evaluar un nuevo método diagnóstico para la detección rápida y específica de cinco patógenos causantes de mastitis bovina. El método se basó en una técnica molecular denominada LAMP, que permite amplificar y detectar material genético de los microorganismos de manera rápida y sin requerir necesariamente el equipamiento sofisticado que utilizan otras técnicas moleculares convencionales”, explica Macarena.

Un desafío para la producción lechera regional

La mastitis es una enfermedad que afecta directamente la productividad de los rebaños. Puede disminuir la producción y calidad de la leche, aumentar los costos asociados al tratamiento y en casos más severos, comprometer la salud y la futura productividad del animal. Contar con herramientas que permitan identificar oportunamente el microorganismo responsable de una infección puede contribuir a mejorar las decisiones sanitarias y avanzar hacia tratamientos más específicos.

“En Chile, esta problemática cobra especial relevancia en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82% de las vacas lecheras del país. Por lo tanto, cualquier enfermedad que afecte la sanidad de los rebaños en esta zona puede tener un impacto no solo en los productores, sino también en toda la cadena productiva láctea”, añade Macarena.

La investigadora destaca que el desarrollo de métodos diagnósticos más rápidos y accesibles podría ser especialmente relevante para la realidad productiva regional, al permitir identificar con mayor oportunidad qué microorganismo está provocando una infección y apoyar decisiones de manejo y tratamiento. Uno de los aspectos centrales de esta experiencia ha sido precisamente la vinculación entre la investigación desarrollada desde la universidad y las necesidades del sector productivo.

Para Macarena Núñez, esta relación resulta fundamental para que el conocimiento científico pueda trascender el ámbito académico y convertirse en soluciones concretas: “Creo que es fundamental vincularse con el sector productivo porque permite que los resultados de las investigaciones no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que puedan transformarse en soluciones concretas para problemáticas reales”.

A su juicio, esta colaboración permite complementar las capacidades de ambos sectores: mientras la academia aporta conocimiento y una base científica sólida, la industria contribuye a identificar necesidades concretas y espacios donde ese conocimiento puede tener una aplicación.

Una beca para continuar formando capital humano

El vínculo de Macarena con el laboratorio se inició en 2023, durante su formación de pregrado en Bioquímica. Desde entonces, tuvo la oportunidad de integrarse al Laboratorio de Mastitis Bovina, experiencia que posteriormente dio paso al desarrollo de su tesis de magíster. Durante este proceso fue guiada por el Dr. Armin Mella y el Dr. Diego Carrillo, quienes la acompañaron en el desarrollo de la investigación.

La investigación fue desarrollada con el apoyo del programa Piloto de Becas de Postgrado impulsado por el Gobierno Regional de Los Ríos y la Universidad Austral de Chile, financiamiento que para Macarena fue fundamental para completar su formación de magíster. “La beca FIC fue de gran ayuda para mí, ya que me entregó los recursos y herramientas necesarios para poder finalizar mi tesis y continuar con mi formación de manera adecuada. El apoyo permitió financiar aspectos no solo asociados a mi investigación, sino que también a gastos relacionados con mi permanencia en Valdivia y en el programa de magíster”.

Actualmente, Macarena se encuentra trabajando en Puerto Varas, en Aqua BC, empresa vinculada a la biotecnología y a la prestación de servicios para el sector acuícola. Si bien su trabajo actual no está directamente relacionado con la mastitis bovina, reconoce que la experiencia desarrollada durante el proyecto FIC amplió su perspectiva sobre las posibilidades profesionales que existen para quienes se forman en ciencias. “Me hizo comprender que nuestro desarrollo profesional no necesariamente tiene que estar ligado exclusivamente a la academia o la investigación, sino que también podemos incorporarnos directamente a la industria”, afirma.

Para Macarena, esta experiencia demuestra el valor de conectar las capacidades científicas que se desarrollan en las universidades con las necesidades concretas de los territorios y sus sectores productivos. “Considero que esta conexión entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria es fundamental para que la investigación pueda tener un impacto concreto en la sociedad y en los distintos sectores productivos”, concluye.

La profesional termina esta entrevista agradeciendo especialmente a la Dra. Leyla Cárdenas, directora del proyecto FIC, a Francisca Sepúlveda y Pedro Matus, encargados de su seguimiento.

Proyecto financiado por el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Los Ríos y aprobado por el Consejo Regional.

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Estudio detecta anticuerpos contra la paratuberculosis bovina en terneros neonatos

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Un estudio del Royal Veterinary College demuestra que los anticuerpos contra Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis pueden identificarse en la sangre de los terneros tras la ingesta de calostro. El hallazgo abre una nueva vía para estudiar la exposición temprana a la enfermedad de Johne y fortalecer las estrategias de vigilancia y control en los rodeos.

Una investigación realizada por científicos del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los terneros recién nacidos pueden presentar anticuerpos contra la enfermedad de Johne en su sangre luego de consumir el calostro materno. El descubrimiento podría aportar una nueva herramienta para determinar en qué momento los animales se exponen por primera vez al agente causal de esta enfermedad, favoreciendo el desarrollo de estrategias más eficaces de prevención y control.

La enfermedad de Johne, también conocida como paratuberculosis bovina, es una enfermedad infecciosa, crónica e incurable causada por Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP). La infección suele producirse durante las primeras semanas o meses de vida, aunque los signos clínicos generalmente aparecen años más tarde.

En los animales afectados, la bacteria provoca un deterioro progresivo de la mucosa del intestino delgado, generando inflamación crónica, pérdida de peso, disminución de la producción de leche, diarrea persistente y, en los casos más graves, la muerte. Además de comprometer el bienestar animal, representa un importante problema económico para la producción lechera a nivel mundial.

Hasta el momento, los programas de vigilancia se enfocan principalmente en detectar la enfermedad en bovinos adultos, mientras que existe escasa información sobre lo que ocurre durante las primeras etapas de vida.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición temprana

Con el objetivo de profundizar el conocimiento sobre la infección en los primeros días de vida, investigadores del RVC analizaron muestras de sangre de 38 terneros recién nacidos y sus respectivas madres provenientes de un establecimiento lechero comercial del suroeste de Inglaterra.

Las muestras habían sido obtenidas originalmente como parte de los controles rutinarios destinados a verificar la correcta absorción de anticuerpos provenientes del calostro. Posteriormente, los científicos aprovecharon los sueros residuales para medir anticuerpos específicos contra MAP y evaluar su relación con el estado sanitario de las madres y con la eficiencia de la transferencia de inmunidad pasiva.

Los resultados mostraron que los terneros nacidos de vacas con anticuerpos frente a MAP presentaban concentraciones significativamente más altas de esos mismos anticuerpos que aquellos cuyas madres no evidenciaban seropositividad. Asimismo, la relación entre los niveles de anticuerpos detectados y la absorción del calostro fue diferente según el estado sanitario de la madre.

En conjunto, los hallazgos respaldan la hipótesis de que los anticuerpos específicos contra MAP son transferidos desde la vaca al ternero a través del calostro.

Potencial para mejorar la vigilancia sanitaria

Los investigadores aclaran que la detección de estos anticuerpos no constituye una prueba diagnóstica de infección en terneros recién nacidos, ya que refleja la inmunidad pasiva transferida por la madre y no necesariamente la presencia de la bacteria en el animal.

Sin embargo, consideran que esta información podría incorporarse como una herramienta complementaria dentro de los programas de vigilancia de rodeos y de evaluación del riesgo sanitario, contribuyendo a comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad durante las primeras etapas de vida.

De confirmarse los resultados de esta investigación en estudios con un mayor número de animales, este enfoque podría aportar información valiosa para optimizar las estrategias de control de la enfermedad de Johne, mejorar el bienestar animal y reducir las pérdidas productivas asociadas a esta importante enfermedad de los bovinos.

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Un enfermedad de los rumiantes es descubierta en el material de manuscritos antiguos

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Los manuscritos se confeccionaban con pergaminos fabricados con pieles de ovejas, cabras o vacas. Una nueva investigación ha empleado la genética para reconstruir 3 500 años de historia de la viruela ovina, una enfermedad que ha afectado a los rebaños durante siglos.

Algunos de los manuscritos más conocidos de Europa, entre ellos los Evangelios de York, se han convertido en auténticas ‘cápsulas del tiempo’ que permiten reconstruir 3 500 años de historia del virus de la viruela ovina.

Mediante el análisis genético de las pieles utilizadas para fabricar sus pergaminos, un equipo internacional dirigido por el University College de Dublín ha aportado nuevas evidencias sobre cómo esta enfermedad afectó a los rebaños europeos mucho antes de la era moderna.

Un virus antiguo

La viruela ovina es una enfermedad muy contagiosa que se propaga rápido y puede infectar a gran parte de un rebaño en poco tiempo. Es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes, y reduce de forma drástica la producción al mermar la obtención de lana, carne y leche.

La enfermedad de la viruela ovina es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes

“El estudio del ADN de los patógenos ha cambiado por completo nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas del pasado, y aquí hemos demostrado que los pergaminos también pueden conservar ADN de patógenos”, afirma el autor principal del estudio e investigador de la universidad irlandesa, Louis L’Hôte. “Puede que los archivos y bibliotecas de todo el mundo también contengan rastros genéticos de brotes víricos ocurridos en animales de pasto de la antigüedad”.

“En concreto, estos genomas nos ayudan a comprender cómo evolucionaron estas infecciones y cómo afectaron a las sociedades del pasado, como es el caso del virus de la viruela ovina, del que demostramos que lleva mermando los rebaños de ovejas de Eurasia desde hace al menos tres milenios y medio”.

Cápsulas del tiempo

En el trabajo, publicado en Science Advances, los investigadores identificaron rastros génicos de la infección en manuscritos medievales, entre ellos varios de gran importancia histórica.

En especial, analizaron los Evangelios de York, de unos mil años de antigüedad y una de las mejores piezas conservadas del primer periodo anglosajón. También estudiaron textos más antiguos, como el Corpus Glossary del Corpus Christi College de Cambridge uno de los primeros diccionarios ingleses, además de otros códices procedentes de Gran Bretaña y Europa continental del mismo periodo.

Los expertos detectaron el virus en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, en muchos de ellos descubrieron que algunas páginas contenían ADN del virus, lo que les indicó que en su elaboración se utilizaron animales infectados.

Dado que el pergamino se fabricaba a partir de pieles de ganado, como ovejas, cabras y vacas, los investigadores lo consideran una especie de ‘bioarchivo’ que conserva el estado de salud del animal en el momento de su muerte hace siglos.

Asimismo, los expertos detectaron el virus de la viruela ovina en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, lo que indica que se dieron casos excepcionales de infecciones entre especies o que se produjo cierta contaminación durante el proceso de fabricación de los pergaminos.

Un virus que persiste

Al combinar el estudio de los manuscritos con muestras aún más antiguas de dientes de oveja de la Edad del Bronce, el estudio reveló que la viruela ovina había amenazado al ganado durante más de 3 700 años.

Los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. El equipo identificó las primeras detecciones conocidas del virus de la viruela ovina a partir de registros dentales recuperados en antiguos asentamientos pastorales de la estepa euroasiática, ya que, diferencia de otros restos, los dientes conservan el material genético de las infecciones durante miles de años.

Al comparar estas secuencias con las modernas, los investigadores estiman que los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. Esta cronología coincide con el auge de la domesticación de animales y el gran traslado de ovejas desde la estepa hacia Europa.

“La gente de todo el mundo sigue luchando contra este patógeno”, cuenta L’Hôte. “Los genomas antiguos pueden ayudarnos a comprender cómo evolucionaron los patógenos que nos afectan en la actualidad”, concluye.

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