Noticias Internacionales

Genética de los Toros Argentinos está a la Altura del Resto del Mundo Según un Estudio

Publicado

en

(1.565 lecturas vistas)

COMPARTIR

La evaluación analiza todos los descriptores fenotípicos en correlación con las características genotípicas en bovinos. Fue realizada por un grupo de cabañeros de CREA, la UBA y el INTA y se obtuvieron resultados en línea con los estándares de otros países.

Por primera vez en la Argentina, se realizó un estudio que analiza todos los descriptores fenotípicos en correlación con las características genotípicas en bovinos, de acuerdo con los parámetros que se utilizan en la selección de reproductores en los programas de evaluación objetiva en el mundo. Con resultados en línea con los estándares de otros países, el logro es fruto de un acuerdo público-privado entre el grupo de Cabañeros de CREA, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y el INTA Anguil –La Pampa–.

En la prueba, se incluyó la determinación del consumo residual individual (RFI), calculado a partir del consumo real de alimento de toros de 14 cabañas de la Región Pampeana, y su diferencia respecto de la ingesta esperada. Esta información, obtenida a partir de tecnología de precisión del INTA y cruzada con una descripción exhaustiva de los parámetros fenotípicos y genómicos de los animales, permite identificar las líneas genéticas con mayor eficiencia para la producción de carne.

“Los resultados de la evaluación de consumo residual indicaron que existe un gran espacio para la selección en la genética argentina y que los valores se ubican dentro de los rangos observados en experiencias similares en otros países”, aseguró Aníbal Pordomingo, coordinador del programa Carnes y Fibras Animales del INTA, quien tuvo a cargo la síntesis técnica de los datos generados en el estudio.

De acuerdo con el investigador, el valor del consumo residual es uno de los indicadores más relevantes que hoy se desea conocer para la elección de reproductores. “Es un indicador de mucho interés en la genética ganadera del presente y, en el caso del estudio, es la única experiencia en la Argentina basada en una amplia descripción de parámetros fenotípicos y su información genómica”, argumentó.

El estudio utilizó la tecnología de los “comederos inteligentes” –un desarrollo del INTA Anguil que recibió el premio CiTA de oro este año– para evaluar el consumo de alimento de cada individuo en forma continua, de animales en grupo. “La prueba sirvió también para poner a prueba los comederos de registro continuo de consumo, ajustar los protocolos y los métodos para las determinaciones involucradas”, apuntó Pordomingo.

Esta tecnología de precisión permitió analizar la ingesta de cada animal de manera individual y en el marco de un grupo. “Se puso en evidencia la variabilidad y el significado de contar con información objetiva, en particular cuando se puede evaluar el consumo del animal y relacionarlo con el peso, el aumento de peso y otros parámetros de crecimiento”, explicó el investigador.

En relación con los resultados, Pordomingo sostuvo que “la genética argentina tiene la variabilidad suficiente para lograr significativos avances en la selección, con posibilidades de destacarse en conversión de alimento a carne por ser de tamaño moderado y muy adaptable, sumado a un alto componente de genética del tipo británico”.

En esta línea, explicó que los índices relevados muestran que la genética argentina tiene una muy buena oportunidad para posicionar alguna de sus líneas en el mundo. “Para lograrlo, se requiere un trabajo intenso de medición, ya que lo relevado es una pequeña muestra de animales, insuficiente para arribar a conclusiones de valor para la selección fuera del grupo de pertenencia de los animales evaluados”, aclaró Pordomingo.

Los índices relevados muestran que la genética argentina tiene una muy buena oportunidad para posicionar alguna de sus líneas en el mundo.

Inédito en el país

Entre la multiplicidad de certificaciones que exige hoy la ganadería, el estudio realizado era, realmente, una demanda del sector que respondía a una visión prospectiva. “Desde hace tiempo, las cabañas de programas de evaluaciones objetivas anhelaban poder iniciar el camino de las evaluaciones por consumo residual y eficiencia de conversión, entre otras determinaciones no menos importantes como rendimiento carnicero, calidad de carne, fertilidad y precocidad, facilidad de parto”, argumentó Pordomingo.

El estudio requirió el seguimiento de los parámetros de crecimiento de cada animal, rendimiento, calidad de carne, pubertad y calidad seminal, docilidad, peleche (actividad glandular) y consumo diario. Además del relevamiento de características fenotípicas realizado a campo, se tomaron muestras para obtener el perfil genómico.

“El relevamiento del perfil genómico de los toros pretende servir de inicio para la valorización de la tecnología del INTA, en tanto permite vincular las observaciones fenotípicas al mapa de genes o pool génetico”, especificó el investigador.

Por el tamaño reducido de la muestra analizada, el valor de la información es sólo descriptiva, pero tiene “el valor de la experiencia puesta en la prueba, el relevamiento de todos los indicadores y el ejercicio de protocolización y percepción de la complejidad y los alcances, al que luego podrían avanzar las asociaciones o grupos más numerosos de cabañeros o criadores”, aseguró Pordomingo.

En la prueba, que se extendió por más de 120 días, se evaluaron 43 toros de tres razas, con preponderancia de la raza Angus, una cantidad de animales similar a la utilizada en este tipo de estudio en otras partes del mundo. La evaluación se llevó a cabo en el campo de producción de la Estación Experimental del INTA en Anguil, La Pampa, en los corrales de alimentación donde están instalados los “comederos inteligentes”.

Los toros fueron provistos por 14 cabañas de grupos CREA, ubicadas en distintas localidades de Buenos Aires, Córdoba y La Pampa. De igual modo, se destacó el trabajo de un grupo importante de profesionales y técnicos de apoyo –tanto del INTA como del sector privado–, quienes se dedicaron a relevar los indicadores evaluados.

“La actitud cooperativa de las partes hizo posible la realización de esta prueba, que hoy marca un hito histórico en la ganadería nacional”, reconoció Pordomingo.

El estudio utilizó la tecnología de los “comederos inteligentes” para evaluar el consumo de alimento de cada individuo en forma continua, de animales en grupo.

Qué es el consumo residual

En este estudio, técnicos, productores e investigadores se propusieron evaluar el consumo residual (RFI) de los toros argentinos, es decir, la diferencia entre el consumo de alimento esperado y el efectivamente ocurrido.

La curva de consumo esperado del grupo se calcula en función del peso metabólico de los animales, el aumento de peso y el consumo real. Se realiza la división sobre el total de cabezas y, de esta manera, se obtiene el dato de consumo esperado para cada animal, que se compara con el dato real para estimar el residual o diferencia.

“Si el valor es negativo, habla de animales de bajo RFI, o sea más eficientes, ya que comen menos de lo esperado para su nivel de aumento de peso”, explicó Pordomingo. Por el contrario, si el valor es superior, son animales que comen más de lo esperado respecto del aumento de peso logrado.

“Este indicador es independiente del peso y del aumento de peso, debido a que mide la eficiencia del aumento de peso marginal por sobre el mantenimiento de la masa corporal, una forma de evaluar la eficiencia de uso de la energía neta para crecimiento”, valoró el investigador.

 

Leer más
Click para comentar

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Internacionales

México, Centroamérica y el IICA inician estrategia contra el gusano barrenador del ganado

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

Publicado

en

COMPARTIR

En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

Leer más

Tendencia