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Cómo mejorar la reproducción bovina ‘in vitro’

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En un artículo publicado en la revista ‘Biology of Reproduction’, científicos brasileños revelan nuevos mecanismos implicados en la maduración de los gametos femeninos.

Los resultados de una investigación realizada en Brasil en la Universidad de São Paulo (USP), en su campus de la localidad de Pirassununga, podrán contribuir para mejorar los índices de éxito en los procedimientos de fertilización in vitro aplicados a la reproducción vacuna. Este trabajo, que contó con el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo, salió publicado en la revista Biology of Reproduction.

De acuerdo con sus autores, en el caso de los animales bovinos, tan solo entre el 35% y el 45% de las células germinativas femeninas (los ovocitos) llegan hasta el estadio de blastocistos (el embrión apto para su transferencia a una receptora) cuando la fertilización se concreta in vitro. En tanto, cuando el proceso es natural, los índices de madurez son superiores.

El artículo sugiere que una posible solución para este problema puede estar en las vesículas extracelulares que secretan las células del folículo ovárico. Se demostró por primera vez que, dependiendo del estadio del ciclo estral (el celo) de la vaca, el contenido de micro-ARNs presente en las vesículas extracelulares se modifica.

Estas pequeñas moléculas de ARN no codifican proteínas, pero poseen el potencial de regular la expresión génica durante distintos procesos de diferenciación. De este modo, el contenido de las vesículas extracelulares secretadas en el fluido folicular puede influir de diversos modos en procesos biológicos determinantes para el éxito de la reproducción asistida.

“Este hallazgo tiene un impacto claro en la reproducción de animales bovinos, pues puede ayudar a mejorar los protocolos de aspiración de folículos ováricos que aplican los veterinarios en el campo”, declaró Juliano Coelho da Silveira, docente de la Facultad de Zootecnia e Ingeniería de Alimentos (FZEA) de la USP.

Según el investigador, hasta ahora se creía que las existencias de ARN del ovocito permanecían iguales durante todo el proceso de crecimiento folicular. Con todo, en el estudio se constató que el ambiente endócrino donde los folículos del ovario se desarrollan puede alterar el contenido de micro-ARNs de las vesículas extracelulares y, por consiguiente, regular la expresión génica de las células que ayudan en la maduración del ovocito y en el proceso de desarrollo folicular (complejo cumulus ovocito).

“Como estas vesículas pueden liberarse o incorporarse al complejo cumulus ovocito en maduración, podrían modificar las vías biológicas de esas estructuras, produciendo un ovocito de mejor calidad”, dijo Coelho da Silveira.

De acuerdo con el investigador, estas vesículas constituyen una nueva forma de comunicación celular, con implicaciones en distintos procesos fisiológicos y, por consiguiente, en los índices de éxito de la reproducción in vitro.

“La falla para alcanzar el estadio de blastocisto aparentemente puede estar vinculada con las condiciones in vitro, que no imitan al ambiente folicular natural”, dijo Coelho da Silveira.

La comunicación celular

El estudio encabezado por Coelho da Silveira demostró que existe una comunicación activa entre las células en el estadio de desarrollo del ovocito. “La comunicación ocurre incluso en fases en las cuales pensábamos que era inexistente”, dijo el investigador.

El ciclo ovárico vacuno está compuesto por distintas fases, controladas por variaciones en hormonas tales como la progesterona, el estradiol, la insulina, los IGFs (factores de crecimiento similares a la insulina, por sus siglas en inglés) y sus receptores, con efectos sobre el microambiente folicular.

En el estudio, se analizó el contenido de micro-ARNs en vesículas extracelulares aisladas del líquido folicular (el fluido que ocupa la cavidad del folículo ovárico y que facilita la comunicación entre las células) y obtenidas en diferentes estadios del ciclo ovárico y con distintos niveles de la hormona progesterona en el medio.

“Observamos que el grupo de folículos expuestos a la baja concentración de progesterona tenía en las vesículas extracelulares una mayor abundancia de determinados micro-ARNs que creemos que están relacionados con la modulación de una serie de factores, tales como el transporte de ARN, el ciclo celular y la meiosis de ovocito, por ejemplo. Por ende, puede afectar el desarrollo y la calidad de los ovocitos”, dijo.

De acuerdo con los investigadores, si bien el estudio se llevó a cabo en gametos bovinos, es probable que este mismo fenómeno suceda en humanos, toda vez que también en ese caso las vesículas están presentes en el fluido folicular.

“En el caso de la producción in vitro de embriones humanos, esta comunicación entre las células normalmente no se tiene en cuenta. Por ende, este hallazgo, amén de su relevancia significativa en el área agropecuaria, puede constituir un paso importante con miras a perfeccionar la reproducción asistida humana”, dijo.

Puede leerse el artículo intitulado Estrous cycle impacts microRNA content in extracellular vesicles that modulate bovine cumulus cell transcripts during in vitro maturation en el siguiente enlace: academic.oup.com/biolreprod/advance-article-abstract/doi/10.1093/biolre/ioz177/5556620?redirectedFrom=fulltext.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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