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Productos en Base a Cobre para Controlar la Mastitis Bovina

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El proyecto chileno es cofinanciado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), y desarrollará una tecnología para aprovechar la actividad antimicrobiana de ese metal. 

La mastitis bovina es uno de los principales problemas productivos y económicos que enfrenta la industria lechera a nivel global. Para controlarla, un proyecto desarrollará productos tópicos en base a cobre para aprovechar la actividad antimicrobiana de ese metal.

La iniciativa, que es ejecutada por la Corporación para apoyo de la Investigación Científica en Nutrición (Cinut), apunta a mejorar la calidad de la leche y disminuir las pérdidas asociadas a la mastitis clínica y sub-clínica que afecta al ganado que, por vía de inflamar la glándula mamaria, reduce las utilidades de los productores, por afectar la producción de leche y el precio pagado por ésta.

“Las medidas hoy utilizadas en el control de la mastitis no son eficientes para lograr disminuir su incidencia a un nivel aceptable. En base a esto, nace la oportunidad para desarrollar y validar uno o más productos tópicos en base a cobre que posean actividad antimicrobiana frente a patógenos causales de la enfermedad”, explica el coordinador del proyecto, Guillermo Figueroa.

Para llevar a cabo la iniciativa se propone una evaluación in vitro del efecto inhibitorio del cobre sobre los patógenos aislados de casos de mastitis clínica y sub-clínica y una evaluación in vivo de las formulaciones en base a cobre que se generen en dos sistemas productivos lecheros de la zona sur y central de Chile.

Esta propuesta se sustenta en que el cobre posee un potente efecto antibacteriano demostrado, lo que permitirá reducir la carga bacteriana presente en la piel y evitar el ingreso de agentes que causan la enfermedad”, detalla la ejecutiva de innovación de FIA y supervisora del proyecto, Natalia Díaz.

Otra propiedad beneficiosa del metal rojo es la regeneración de tejidos. Esto ayudaría a recuperar el pezón del animal luego del estrés del ordeño.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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